Salud Infantil - Pediatria *

martes, febrero 28, 2006

La mitad de los trastornos de la audición en la infancia tienen una causa genética

Los avances genéticos están revolucionando el mundo de la medicina. Uno de los ejemplos es la posibilidad de predecir el riesgo de sordera y, en la actualidad, los tests genéticos constituyen una prueba fundamental en la evaluación de los trastornos de audición en pediatría. Gracias a la información obtenida con los tests genéticos es posible planificar los tratamientos más adecuados para cada paciente y dar consejo genético a los familiares. Estos avances tienen especial repercusión en los pediatras, porque aproximadamente la mitad de las sorderas congénitas y de los trastornos de la audición que aparecen durante la infancia tienen una causa genética.

En la actualidad, más de 60 alteraciones genéticas han sido identificadas y las investigaciones continúan demostrando cada día nuevas mutaciones. Antes del descubrimiento de la genética, la sordera era atribuida a infecciones congénitas, como la infección por citomegalovirus o hipotiroidismo.

Según las estadísticas, 3 de cada 1.000 bebés nacen con algún déficit de la audición y en un tercio de los casos, es secundaria a un trastorno genético. Los genes contienen la información que va a formar un individuo; transmiten las instrucciones a las células de las distintas partes del organismo para crecer y realizar su función correctamente. Por eso conocer precozmente si un niño padece sordera es fundamental para mejorar las posibilidades diagnosticas y su capacidad para aprender el lenguaje adecuado.

Beneficios del test


Los beneficios derivados del diagnóstico precoz de los trastornos de la audición mediante el empleo de los tests genéticos disponibles son múltiples: permiten evitar el uso de inacabables y costosas pruebas diagnosticas, permiten ofrecer una información eficaz a los familiares del riesgo de tener descendencia con trastornos de la audición y, por lo tanto, prevenir el embarazo si así lo desean, y ofrece la posibilidad de someterse a un aprendizaje adaptado a las necesidades del niño con esta discapacidad, evitando los problemas sociales y educacionales asociados.

El consejo genético, además, permite tranquilizar a los padres y ayuda a tomar la decisión que deseen sobre su descendencia. Aunque aún queda mucho para conocer todo acerca de la genética en los trastornos auditivos, los avances conseguidos hasta ahora, han conseguido claros beneficios para los niños sordos.

http://www.websalud.com


Saludos Cordiales


Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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lunes, febrero 20, 2006

Obesidad infantil

La niñez es una etapa en la que es factible cambiar conductas. Es el momento en que se conforman los hábitos, se estructura la personalidad y se pueden establecer patrones que en el futuro será más difícil cambiar. Por ello es importante que todo aquel que esté involucrado en la educación de un niño, su familia en primer lugar, concentre esfuerzos en promocionar un estilo de vida saludable (dieta equilibrada, práctica regular de ejercicio…). No se trata sólo de ordenar una conducta, sino de que en el entorno familiar del niño se practiquen hábitos correctos.


Las causas de la obesidad infantil

Existen numerosos factores determinantes de la obesidad. Hay que entender que se trata de una enfermedad metabólica multifactorial, influida por elementos sociales, fisiológicos, metabólicos, moleculares y genéticos. No obstante, la combinación de una alimentación inadecuada en cantidad y tipo de alimentos, y la tendencia a realizar menos actividad física relacionada con el mayor tiempo dedicado a actividades sedentarias explica en parte, por qué se ha duplicado la obesidad infantil en los últimos 15 años en nuestro país. Por tanto, los malos hábitos de alimentación y un estilo de vida sedentaria son los factores responsables.

Los actuales cambios en el estilo de vida incluyen la modificación en los hábitos alimentarios, donde la dieta se caracteriza por ser desequilibrada y calórica. En general, los niños toman más cantidad de alimentos de la que precisan y su alimentación es rica en grasas, azúcares sencillos y en consecuencia en calorías, con un predominio de la carne, los precocinados, los dulces y un consumo insuficiente de verduras, legumbres, frutas y pescado. A esta circunstancia, se une el hecho generalizado de que muchos niños y adolescentes omiten el desayuno, una de las comidas más importantes del día, directamente implicada en la regulación del peso.

Uno de los cambios de hábitos de consumo observados en los últimos años es la disponibilidad económica de los niños, unida a una oferta ilimitada de productos fuente de 'calorías vacías' (bollería industrial, golosinas, snacks, bebidas azucaradas…). A todo esto se unen las fuertes campañas de marketing emprendidas por grandes compañías que comercializan comida rápida asociada a juguetes coleccionables muy apetecibles para los niños, por lo que la asistencia habitual es masiva a este tipo de restaurantes donde el denominador común es una comida desequilibrada por su excesivo aporte graso y calórico.
La familia también juega un papel trascendental. Ciertos errores dietéticos entre los progenitores favorecen el aumento de peso de los pequeños, como la verdadera obsesión de muchos padres y madres para que el niño coma mucho, convertir la comida en premio o castigo por algún comportamiento, premiar la buena conducta con golosinas u otros alimentos calóricos, festejar los mínimos acontecimientos de la vida del niño con "comida basura", permitir el consumo casi diario de chucherías, bollería y bebidas azucaradas, y recurrir con frecuencia a la preparación de platos precocinados por la falta de tiempo, entre otros.


Actividades sedentarias

Asimismo, el estilo de vida actual es sedentario. La mayoría de actividades giran en torno a la televisión, el ordenador y los vídeo juegos, y con frecuencia se realizan consumiendo alimentos calóricos (patatas fritas, chucherías, palomitas…). Los niños han disminuido considerablemente la actividad física en juegos al aire libre, excursiones, deportes, etc., además de las pocas horas destinadas en los colegios a la educación física.

Las consecuencias psicosociales de la distorsión de la imagen física para el niño obeso son muy importantes; baja autoestima, aislamiento social, discriminación e incluso patrones anormales de conducta que derivan en bulimia y anorexia nerviosas. La obesidad infantil produce alteraciones ortopédicas, respiratorias y cutáneas y aumenta la incidencia de diabetes, hipertensión y dislipemias (aumento de colesterol y triglicéridos).


La estrategia NAOS

Las siglas NAOS (Nutrición, Actividad física, Prevención de la Obesidad y Salud) esconden un importante mensaje con objetivos muy interesantes. Esta estrategia tiene como finalidad mejorar los hábitos alimenticios e impulsar la práctica regular de actividad física entre los ciudadanos, haciendo especial hincapié en la prevención, es decir, en la instauración de estos hábitos saludables en niños y jóvenes.

La estrategia NAOS por tanto, no es un proyecto que pretenda llevarse a cabo solamente en el ámbito sanitario, sino que también ha de implantarse en el entorno familiar y empresas del sector alimentario, y sobretodo en los colegios y comedores escolares.

Se reducirá el porcentaje de sal y grasa de los alimentos y se regularán
Los comedores escolares, la publicidad de alimentos y bebidas destinada a menores y la instalación de máquinas expendedoras, entre otras acciones.


Saludos afectuosos


Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, febrero 19, 2006

Niños obesos tienen más posibilidades de padecer diabetes

Los niños obesos tienen el doble de posibilidades de padecer diabetes, una enfermedad que constituye "un serio problema" entre los hispanos en EU, según un estudio de la Universidad de Michigan.

Investigadores de ese centro de estudios superiores calculan que más de 229 mil niños estadounidenses padecen diabetes, de los cuales un tercio tienen sobrepeso.

El estudio, que será publicado en la edición de febrero de Diabetes Care, es la más reciente investigación a nivel nacional sobre la generalización de niños con diabetes, y está basado en datos del Sondeo Nacional de Salud Infantil.

Los especialistas dijeron que simultáneamente al aumento de la obesidad infantil en EU también crece la preocupación de que cada vez más niños desarrollarán diabetes antes de finalizar sus estudios de secundaria.

Para Joyce Lee, de la sección de endocrinología de la Universidad de Michigan, el tratamiento para la población infantil que sufre una combinación de obesidad y diabetes colocará una mayor presión en el sistema de salud del país. "Entre los niños de edad escolar, los que son obesos tienen más del doble de posibilidades de padecer diabetes, en comparación con niños de peso normal" , precisó Lee. "El gran número de niños con diabetes en los Estados Unidos y el potencial de aumento de otros menores de edad que padecerán la enfermedad por la pandemia de la obesidad, tiene serias consecuencias sobre la forma en que recibirán cuidados de salud ahora y después, al ser adultos", indicó.

En la investigación, Lee y sus colegas utilizaron información obtenida de las entrevistas con los padres de familia y apoderados de 102.353 niños de enero de 2003 hasta julio de 2004.

Los niños fueron agrupados en tres categorías según el índice de masa corporal (IMC) : sin sobrepeso, con sobrepeso y obesos. El IMC fue calculado con la información sobre altura y peso del niño, entregada por los padres o apoderados.

Niños con IMC sobre el 85% para su edad y sexo se consideran con sobrepeso, mientras que los que tienen más de un 95% de este índice son considerados obesos. Por ejemplo un niño de 10 años, con altura promedio sería definido como obeso, si su peso es de 101 libras o más, según Lee. El estudio reveló que niños entre los 6 y los 11 años y entre 12 y 17 años que eran obesos tenían dos veces más posibilidades de desarrollar diabetes que los de su misma edad de peso normal.

Generalmente se relaciona la diabetes del tipo 2 con la obesidad, sin embargo en este estudio no se distinguió entre los dos tipos de diabetes.

Se afirmó que la enfermedad es más común entre niños blancos no hispanos que entre los negros no hispanos o niños latinos.

Los resultados apuntan a la necesidad de la elaboración de estrategias de salud públicas para reducir la obesidad infantil y el número de niños con diabetes, dijo Lee.

Añadió que "esta información preocupa, especialmente por la escasez nacional de especialistas de diabetes infantil". "Desde una perspectiva clínica, de salud pública y de recursos de salud, necesitamos enfrentar la obesidad infantil y ayudar a reducir la presión que producirá la diabetes en EU", señaló.

Investigaciones previas de la Universidad de Michigan destacan que la diabetes entre los hispanos es "un serio problema" y un gran desafío de salud debido a las complicaciones que derivan de esta enfermedad y al rápido crecimiento de la población hispana que actualmente supera los 41 millones de personas.

Los expertos manifestaron que la enfermedad es dos o tres veces más común entre los adultos méxico-americanos y puertorriqueños que en los blancos no hispanos.

La prevalencia entre los cubano-americanos es más baja, pero todavía sigue siendo superior que entre los blancos nos hispanos.

http://www.eluniversal.com.mx/articulos/28245.html



Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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¿Qué esperar después de una vacuna?

Todas las vacunas pueden tener reacciones adversas, eso dependerá del tipo de vacuna, del sitio de aplicación e inclusive de las dosis que se apliquen. En general todas las vacunas que se aplican por vía intramuscular, subcutánea e intradérmica, implican que se inyecte la vacuna en el muslo, brazo o nalga. Estas vacunas pueden producir reacciones locales como enrojecimiento, dolor e inflamación del sitio de la inyección. Estas son las reacciones adversas más frecuentes en las vacunas y se pueden presentar dependiendo del sitio y de la vacuna hasta en el 50% de los casos. Aunque son las más frecuentes, son las más fáciles de manejar, usualmente con analgésico del tipo paracetamol.

Otro efecto adverso que se asocia en general es la fiebre que en ciertas vacunas se puede presentar en las primeras 24-48hrs después de la aplicación (DPT, Pentavalente) y en otras puede tardar en aparecer hasta 1 semana (Triple viral, Varicela). En general, la fiebre es de fácil control con paracetamol y medios físicos, pero en ciertos casos se han relacionado crisis convulsivas con la fiebre, en especial con la aplicación de la DPT y pentavalente (1 de cada 1,750 dosis). Casi siempre, junto con la fiebre se presentan otros efectos como malestar general, llanto inconsolable, disminución del apetito, que terminan cediendo con el uso del paracetamol. Las reacciones adversas antes comentadas son leves a moderadas, fácilmente manejables, se presentan desde horas hasta días después de la aplicación de la vacuna y de cierta manera esperable en un porcentaje de pacientes, rara vez son un problema importante.

Por otro lado existen reacciones adversas realmente severas como la alergia a algún componente de la vacuna que se presenta inmediatamente hasta 30min a 1hr. Posterior a la aplicación de la vacuna, estas reacciones pueden poner en riesgo la salud y la vida del paciente, es necesario manejarlas de inmediato cuando se presentan y son muy raras que se presentan casi de manera anecdótica.

Por último existen otro tipo de reacciones adversas relacionadas con el antígeno que tiene la vacuna en sí, es decir, la vacuna de polio oral (gotas) tiene como riesgo que pueda producir una enfermedad similar a la polio (parálisis) debida al virus que contiene la vacuna; las vacunas del sarampión, paperas, rubéola (Triple viral) y varicela pueden producir enfermedades parecidas a las que protegen pero en mucho menor intensidad; y otro grupo de vacunas como hepatitis A, B, neumococo, influenza, tétanos, difteria no producen este tipo de reacciones.

Después de comentarle todas estas reacciones adversas es necesario que conozca la principal indicación de las vacunas que es la prevención de enfermedades frecuentes en la niñez, que producen gran cantidad de secuelas así como de muertes en este grupo de edad (Poliomielitis, sarampión, varicela, neumonías, meningitis, infección de la sangre). Al poner en una balanza las reacciones adversas probables y los beneficios de las vacunas, pesan por mucho más estos últimos.

Como regla general, si algún niño ha presentado alguna reacción adversa severa a alguna vacuna, no deben aplicarse más dosis de la misma vacuna.

En los hospitales vemos una gran cantidad de niños con enfermedades prevenibles por vacunación como tuberculosis, varicela, neumonías, meningitis e infecciones de la sangre; en contraste es extremadamente raro ver algún paciente internado por alguna reacción adversa a alguna vacuna.

Como mensaje final la recomendación es hablar con su pediatra sobre las reacciones adversas de las vacunas que se le aplican a sus niños y saber cómo manejarlas de la mejor manera.

http://www.tuguiainfantil.com



Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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viernes, febrero 03, 2006

Estrategias razonables para mejorar la dieta infantil

«No está claro cuál es la dieta óptima para reducir la ingesta de calorías de forma segura y efectiva en niños», recuerda la investigadora Rebecca Gehling, en un trabajo que se acaba de publicar en la revista Journal of Paediatric Child Health. La grasa es el factor determinante en la aportación energética, por lo cual la estrategia más lógica debería ir en ese sentido: reducir la grasa.
Gehling, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Flinders (Australia), ha dirigido una investigación en la que se ha comparado la dieta real de niños de 6 a 9 años. El estudio parte de los datos recogidos en 1995 en la Encuesta Nacional de Nutrición australiana, que recoge la realidad dietética de los diferentes grupos de población de ese país.

Según los datos de la encuesta, el 37% de los niños de 6 a 9 años australianos participantes en aquella encuesta adquieren de las grasas más del 35% de la energía de su dieta diaria. De ellos, un 43% ingieren más del 15% de energía en forma de grasa saturada. Estas cifras superan la recomendación de las autoridades sanitarias, según la cual entre un 25% y un 30% de la energía ingerida debe provenir de las grasas y no más de un 10% debe ser de grasas saturadas.

Más grasa y energía, menos comida


El grupo de alto consumo de grasas no come más sino que consume 140 gramos menos que el grupo de bajo consumo de grasas



Los investigadores han identificado dos tendencias o grupos. Un primero es el de alto consumo de grasas, un grupo con una tendencia «de riesgo» que ingiere entre el 35% y el 45% de la energía en forma de grasa. El segundo es el de bajo consumo en grasa, que ingiere entre el 23% y el 27% de su energía en forma de grasas. El estudio no establece diferencias de peso ni altura entre ambos grupos, porque el objetivo no es hallar relaciones de causa-efecto, sino comparar patrones alimentarios. Si se identifican los alimentos que marcan esa diferencia, afirma el equipo, será más fácil elaborar unas recomendaciones para las familias.

¿Qué difiere entre ambos grupos? Lo primero, y ciertamente llamativo, es que el grupo de alto consumo de grasas no come más. Al contrario: consume 1.570 gramos diarios de comida, 140 gramos menos que el grupo de bajo consumo de grasas (con 1.711 gramos) y sin embargo ingieren 1.100 kilojulios más de energía. Más diferencias. El grupo de alto consumo en grasas («alto en grasas» para abreviar) consume menos vitamina C, aunque más fósforo y más calcio que el grupo «bajo en grasas». Este último, en cambio, tiene un consumo de calcio demasiado bajo (hasta el 74% de ellos no llega a la cantidad diaria recomendada de calcio).

Por grupos de alimentos, el consumo de lácteos, alimentos con cereales y barritas de snacks es más elevado en el grupo «alto en grasas». En cambio, este mismo grupo consume menos cantidad de pan, cereales, frutas, refrescos y zumos. No se han hallado más diferencias significativas, excepto el hecho de que el grupo «alto en grasas» obtiene hasta tres veces más energía de vegetales (lo que incluye verdura, pero también platos como patatas fritas caseras o coliflor con queso, cuyo principal componente es vegetal), así como de carne y similares (pollo, pescado, salchichas y huevos, entre otros).

Las recomendaciones, dicen los investigadores, deberían apuntar a esos grupos de alimentos. Así, aconsejan, entre otras cosas, la reducción de productos lácteos (el helado y el queso una vez cada tres días; los otros días optar por yogures y buscar opciones con menos grasa), limitar el zumo a 150 mL al día, incentivar el consumo de agua, reemplazar los snacks de cereales por pan, cereales o fruta y cambiar, en los platos cocinados, las patatas fritas caseras por patatas cocidas o hervidas. Tan sólo con reducir los alimentos basados en cereales (snacks), cambiar a lácteos con menos grasa y poniendo el agua como bebida prioritaria, se puede conseguir, afirman, el mayor impacto en la reducción de ingesta de grasa y energía.

http://www.consumaseguridad.com


Saludos afectuosos


Dr. José Manuel Ferrer

 

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