Salud Infantil - Pediatria *

lunes, marzo 13, 2006

La tiranía de la pizza sobre las judías verdes

Cuatro de cada diez progenitores tienen que negociar o pelear con sus hijos para que coman pescado, verdura y fruta. Las familias sólo se reúnen a comer tres horas a la semana

La tiranía de la vida moderna determina los hábitos alimenticios de las familias y, al final, fritos y precocinados acaban relegando a un segundo plano en la mesa a la fruta, la verdura fresca e incluso al pescado. Y son los niños de hoy de entre 5 y 13 años los más sensibles a esta situación. Así se desprende de un estudio realizado por la Fundación Dieta Mediterránea para la campaña `Comer sano, comer bien´ de Idea Sana (Fundación Eroski).
Mientras que la tasa de obesidad infantil en nuestro país ha pasado del 5 al 16% en 15 años, situándose como la segunda peor de la Unión Europea, la dieta mediterránea ha dado paso a costumbres alimenticias surgidas de un ritmo de vida creciente que no deja tiempo para atender los detalles caseros. Un 83% de los padres reconoce que en su casa no se consume verdura a diario, mientras que un 43% considera que el consumo de fruta de sus hijos es insuficiente y otro 39% tilda la ingestión de pescado de baja.

Estudio. Según el estudio de la fundación, los padres tienden inconscientemente a comprar aquello que saben que será del agrado de los niños para evitar así peleas a la hora de la comida, unas riñas que convierten en un sufrimiento las tres horas escasas a la semana en las que logra reunirse toda la familia para comer y que surgen, entre otros aspectos, porque los niños de hoy se muestran más impositivos en sus gustos.
Así, los padres adoptan una actitud conformista para no estresarse o sentirse culpables porque sus hijos no comen, de forma que potencian en la dieta familiar muy basada en productos como pasta, fritos, carne, rebozados, patatas, precocinados o lácteos. De hecho, cuatro de cada diez padres reconocen que deben negociar o reñir a sus hijos para lograr que coman verdura, fruta o pescado, pero la verdura es, con diferencia, el alimento que mayor problemas les ocasiona.
Además, no hay que olvidar una vez más el factor tiempo. Cocinar y limpiar un pescado fresco, guisar la verdura para que tenga sabor o pelar la fruta precisan más tiempo que otras alternativas.

El paladar manda. Hébelen Montoya es experta en nutrición, dietista y responsable de impartir formación en alimentación en los hipermercados Eroski en Málaga (capital, Vélez, Fuengirola y Antequera) dentro de la campaña `Comer sano, comer bien, que se desarrolla a partir de este mes. Montoya destaca que es el mismo paladar el que demanda alimentos ricos en azúcares o hidratos porque le resultan más gratos. Por ello, a su juicio, "la aceptación de los otros productos depende de la educación que reciban desde muy temprana edad. El niño que ingiere fruta o verdura desde muy pequeño no la rechazará más adelante".
La idea de iniciar cursos de nutrición en los centros Eroski surge, además de por estos factores, porque tres de cada cuatro padres aseguran que no tienen suficiente información sobre qué es y cómo aplicar una dieta sana.


Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, marzo 12, 2006

90% de los alumnos consume comida chatarra en las escuelas

Malos hábitos. Chizitos, conitos, papas y tortas fritas están en la lista

El 90% de los alumnos consume comida chatarra en las escuelas
Un sondeo entre 800 chicos de 10 a 18 años muestra las costumbres alimenticias de los alumnos


Un trabajo realizado por la Secretaría de Salud Pública durante el año pasado entre 800 alumnos de la EGB y polimodal demostró que el 90 por ciento compra la merienda en el kiosco o cantina escolar, y que la inmensa mayoría consume comida chatarra. Los diez principales productos que los pibes piden en los recreos son chizitos, papas fritas, conitos, tortas fritas, pastelitos, pirulines, caramelos, alfajores, jugos azucarados y bebidas colas. Los operadores sanitarios a cargo del trabajo han encendido la luz de alerta frente al aumento sostenido de casos de obesidad infanto juvenil, trastornos alimenticios y casos de diabetes: un cóctel de patologías que pueden derivar en problemas cardiovasculares.

El relevamiento, realizado por la Secretaría de Salud Pública municipal durante el año pasado en cuatro escuelas de Rosario, estuvo a cargo del área "Alimentación Saludable" del municipio dentro de un programa de salud cardiovascular financiado por la Nación.

En rigor, lo que se comenzó a trabajar el año pasado es en la etapa de diagnóstico de un proyecto más ambicioso denominado "cantinas saludables", que en esta primera fase se propuso detectar qué comen los chicos cuando están en las escuelas.

El sondeo se hizo entre alumnos de 10 a 18 años de las escuelas Francisco de Gurruchaga, Gabriel Carrasco, República de Venezuela y San Francisco de Asís. Participaron un médico nutricionista, dos especialistas en nutrición y seis promotores de Salud Municipal.

Los resultados fueron evidentes: un 92 por ciento de los encuestados consumía productos del kiosco. De ellos, el 79 por ciento tomaba gaseosas entre tres y cinco veces por semana. Y en las cantinas escolares (donde muchos chicos almuerzan) las hamburguesas y milanesas con papas fritas encabezan la lista.

Simultáneamente se les preguntó a los cantineros cuáles son los productos que los chicos más compran en las escuelas y en forma coincidente todos respondieron: papas fritas, conitos, chizitos, alfajores, pastelitos, caramelos y pirulines, entre otros.

Para el secretario del Comité de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría y profesional a cargo del trabajo en las escuelas, Víctor Schvartz, los resultados "saltan a la vista".

"Desde muy niño los malos hábitos alimenticios pueden desencadenar casos de colesterol, hipertensión y diabetes tipo II (no insulino dependientes)", advirtió Schvartz, y agregó: "En Rosario la obesidad infanto juvenil está superando la desnutrición infantil por lejos, con los síntomas de la obesidad de los pobres, es decir, de aquellos que se alimentan casi exclusivamente a base de grasas e hidratos de carbono".

Como dato, el pediatra señaló que el 50 por ciento de las consultas que atiende tanto en el Sanatorio de Niños como en el hospital Alberdi están relacionadas con trastornos en la alimentación como el exceso de peso o por los casos de bulimia y anorexia.

"Lo genético y lo hereditario están siempre presentes, pero si a esto se le suma el sobrepeso y el sedentarismo se puede derivar en casos de diabetes, colesterol y la predisposición de que a este niño se le puedan tapar, siendo un adulto de 40 años, las arterias del corazón", advirtió Schvartz.


Comprometida

Una escuela comprometida con el proyecto fue la Nº69 Gabriel Carrasco, en donde las autoridades decidieron que en su kiosco no se vendan productos con alto contenido de colesterol como los denominados "snacks" (papas fritas, chizitos, palitos, mayonesas) y ofrecer productos sanos como cereales, lácteos y jugos. Además, se comprobó que el cambio no sólo aporta a la buena alimentación de los alumnos, sino que no disminuye la venta del concesionario.

Aquí la dirección del establecimiento escolar jugó un rol fundamental dado que dispuso que no se expendan más gaseosas, sino jugos naturales, y que no se venda comida chatarra.

"Sería bueno que la actitud de las autoridades sea imitada por muchos establecimientos más de la ciudad, para el bien de los alumnos", expresó el pediatra especialista en adolescentes.

En esto, la coordinadora general de salud, Beatriz Martinelli, les apuntó a "los productos que se consumen por puro marketing", pero resaltó que "en la medida en que a los chicos se les puedan ofrecer ensaladas de frutas, cereales, flan, yogurt o jugos naturales los van a consumir. Y esto no implica que el cantinero deje de ganar dinero".

En esta problemática también juegan un rol fundamental los padres. "Nunca tuvimos en los talleres de reflexión más de 30 padres por escuela y de nada sirve decirle a los chicos qué deben comer si lo que ingieren en sus casas no es saludable", se lamentó Schvartz.



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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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Cómo debe de ser un menú escolar

Los nuevos hábitos familiares y las distancias entre el hogar y el colegio hacen que cada año miles de escolares de educación infantil, primaria y secundaria se tengan que quedar a comer en el comedor escolar. Esto supone que los casi 10.000 centros escolares que disponen de este servicio en todo el país juegan un papel importante en la salud y la educación nutricional de los niños y adolescentes.La época escolar es una etapa decisiva para la adquisición de conocimientos y hábitos alimenticios, por lo que un menú escolar equilibrado constituye el mejor modo de introducir a los más pequeños en hábitos saludables relacionados con la alimentación, lo que les permitirá prevenir enfermedades que puedan aparecer en la edad adulta por una inadecuada alimentación en la infancia.

Los niños gastan mucha energía en el colegio, por lo que no se puede confiar únicamente a los padres su correcta alimentación para sobrellevar su actividad diaria, ya que a pesar de que estos siempre deben ser los máximos responsables de la salud de sus hijos, los niños españoles acuden una media de 165 días al año al comedor escolar, por lo que se hace evidente la importancia del menú diario de estos centros.

El menú escolar supone entre el 30% y el 35% de las necesidades energéticas diarias de los más pequeños, por lo que no puede pasarse por alto su contenido que los padres habrán de complementar en casa con el desayuno y la cena.

Preparar el menú

Los menús escolares deben ajustarse a las recomendaciones dietéticas en cuanto a “raciones”, composición energética y nutricional de la edad preescolar y escolar. Deben ser variados y gastronómicamente aceptables y apetecibles. Los escolares, lejos del hogar y de la permisividad de algunos padres, han de habituarse a masticar y a degustar todo tipo de alimentos que de otra forma quizá se negarían a probar.

Estos menús deben ser distintos en función de la época del año. Así, en épocas de calor serán más recomendables las preparaciones más frescas y ligeras (ensaladas de arroz, pasta, patata, de legumbres, cremas frías), mientras que con el frío son más consistentes los que se sirven a mayor temperatura: potajes, cocidos, guisos…

Conviene que incluyan alimentos de temporada, sobre todo frutas frescas, hortalizas y verduras, alimentos básicos que deben servirse con mayor frecuencia en el menú.

Los errores más recurrentes que cometen estos comedores son los relacionados con las verduras; muchos de los colegios no suelen servir verdura como plato independiente en ninguno de sus menús. Además, aquellos que sí sirven verduras suelen recurrir siempre a purés o cremas, lo que no es suficiente ya que las verduras que consuman los escolares deben ser más variadas.

El pescado también suele ser un punto negativo en los menús escolares, ya que no se incluye con toda la frecuencia con que se debería y no suele haber variedad a la hora de servirlo (casi siempre se sirve merluza rebozada). Las legumbres son otros de los grandes olvidados en la alimentación del escolar.

Sin embargo, aquello de lo que no se debe abusar es precisamente lo que más abunda en las bandejas de los escolares, los alimentos precocinados y las frituras. No se debe abusar de preparaciones grasas como fritos, rebozados o empanados, por lo que se recomienda no servirlos más de dos veces a la semana.

De postre, lo mejor es la fruta fresca, que se debe servir más de dos veces a la semana, al igual que los lácteos sencillos, que nada tienen que ver con los bizcochos, helados…, en definitiva, postres dulces que no se deben tomar más de dos veces a la semana.
http://salud.tiscali.es/



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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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jueves, marzo 09, 2006

Dislexia

Albert Einstein y Alexander Graham Bell tenían algo más en común que su amor a la ciencia y un nombre que empezaba por ‘a’: eran disléxicos. Un trastorno que compartían con otros personajes tan conocidos como Walt Disney, Thomas A. Edison y Leonardo da Vinci, y que afecta al 10% de la población. Los especialistas aseguran que la dislexia no se puede diagnosticar hasta que el niño tiene entre cinco y ocho años, pero advierten de que todavía hoy muchos casos pasan desapercibidos disfrazados como problemas de hiperactividad o fracaso escolar. Las dificultades a la hora de leer y escribir que presentan los disléxicos suponen una importante traba para el aprendizaje y se traducen en un sobreesfuerzo académico que no se ve reflejado en las calificaciones. Como consecuencia, el niño pierde la autoestima y es frecuente que la dislexia se asocie con problemas de depresión en los menores.

Cómo detectarla en el niño
La dislexia es una dificultad específica para aprender a leer y escribir. Su incidencia en la población se estima en un 10%, con un 4% de extremadamente disléxicos y un 6% de mediana o moderadamente disléxicos, y se trata de un trastorno que acompaña durante toda la vida a quien lo padece. Asegura José Ramón Gamo -logopeda, neuropsicólogo y director del Centro de Atención a la Diversidad (CADE)- que los niños disléxicos “tienen una capacidad intelectual media o por encima de la media”, aunque reconoce que la dificultad en la comprensión de los escritos les acarrea un retraso de aprendizaje de dos años con respecto al resto de sus compañeros. “Por tanto, antes de los ocho años es imposible diagnosticar el problema. Éste es un aspecto fundamental porque se suelen cometer muchos errores en la detección de las dificultades lectoras en niños menores e identificarlas como dislexias”, señala.





Para la psicóloga infanto-juvenil Helena Alvarado, la dislexia se puede detectar antes del acceso a la ‘lectoescritura’. “De hecho -afirma-, a los cuatro o cinco años hay una serie de síntomas que pueden servir de indicadores de alarma para los padres”. Estas señales son aquellas que están relacionadas con el nivel de comprensión y lenguaje del niño ya que, especifica Alvarado, “es habitual que a los cuatro años un niño hable con fluidez y tenga una capacidad lingüística que, en el caso de los niños disléxicos, no se produce”. “Además -prosigue-, estos niños suelen tener problemas en el momento de memorizar canciones, problemas de ritmo, falta de concentración e, incluso, les cuesta hacer un puzzle por muy sencillo que sea”.

El origen de la dislexia no está claro. Parece radicar en una alteración neurobiológica, una disfunción cerebral, que en más de la mitad de los casos es hereditaria y obliga, por lo tanto, a estudiar la historia de los progenitores antes de tratar a su hijo en la consulta del especialista. “Siempre hay que preguntar a los padres si hay alguna historia similar en un familiar cercano”, ratifica Helena Alvarado. Por su parte, Mireia Golobardes y Elisenda Jardí, del centro Cedipte-psicologia, explican que “las dificultades de lectura en los niños están causadas por un déficit en el procesamiento perceptivo”, mientras que “los problemas para aprender a leer están causados por una dificultad para adquirir y almacenar en el cerebro el recuerdo visual de las palabras y las letras”. Precisamente, esta disfunción es la que dificulta la tarea de acceder a leer palabras, tanto las que son conocidas o muy frecuentes y se pueden reconocer por la ortografía (dislexia visual o dislexia ortográfica), como las palabras menos frecuentes pero que se leen traduciendo los sonidos de las letras que las componen (dislexia fonológica) o ambas (dislexias mixtas).

Todas estas características derivan en una serie de síntomas como son la dificultad en el reconocimiento de las palabras, su invención, omisión, confusión o inversión de algún sonido o letra, como la ‘d’ por la ‘b’, o la ‘p’ por la ‘q’. Además, aunque no hay dos niños disléxicos iguales, según recuerda Alvarado, otras características que presentan son la falta de habilidad para recordar nombres; diferente manera de coger el lápiz, que presionan demasiado sobre el papel; dificultad para atarse los cordones, patinar o montar en bicicleta; mantienen mal el equilibrio; tienen mala memoria a corto plazo pero excelente a largo plazo; oído muy fino; dificultad para realizar operaciones matemáticas o aprender a manejar el reloj; mala orientación; sueño muy ligero o muy profundo; gran curiosidad y creatividad. Una multitud de detalles descritos aunque, subrayan desde la Asociación Dislexia y Familia (Disfam), “en la actualidad la dislexia continúa siendo la gran desconocida y no existe una legislación que ampare a los niños y niñas con dislexia en el marco educativo”.

Dificultad en la escuela
A menudo, los niños disléxicos suelen tener problemas académicos derivados de la dificultad para el aprendizaje. Son niños inteligentes pero que necesitan que les enseñen de un modo diferente al tradicional. Por eso es habitual que obtengan bajas calificaciones en la escuela y que los padres o profesores piensen que se trata de un caso de fracaso escolar. La psicóloga Helena Alvarado advierte en este sentido que cuando un caso no se ha detectado a tiempo, las consecuencias se empiezan a ver en secundaria, etapa en la que se resaltan las dificultades que ya había en primaria, de manera que el sobreesfuerzo que realizan los niños es entonces mayor para rendir adecuadamente. “En cada clase de 40 niños podría haber un niño disléxico, y actualmente no se ha diagnosticado un disléxico en cada clase”, continúa la psicóloga.

Por el contrario, cuando el caso está diagnosticado y el niño sabe por qué debe esforzarse más que el resto de sus compañeros, “este sobreesfuerzo no es tomado en consideración desde el momento en que acabamos normalizando la situación del alumno y olvidándonos de su dificultad”, asegura Alvarado. “A un niño invidente no le daremos nunca un libro que no esté en braille, sin embargo, un niño disléxico debe recordar a más de un profesor qué es lo que padece y cuáles son las cosas que no puede hacer adecuadamente. Los cambios de curso, y más notoriamente los cambios de ciclo, se viven como un ‘volver a empezar’ y rememorar de nuevo las dudas y temores sobre sus dificultades, lo que aumenta el estrés y disminuye el rendimiento. La falta de comunicación entre profesionales de la educación y familia agrava esta situación”.

En otras situaciones puede ocurrir lo contrario y que en lugar de realizar un sobreesfuerzo las personas con dislexia presenten falta de atención debida a la falta de motivación por no poder aprender al mismo ritmo que el resto. Las psicólogas Mireia Golobardes y Elisenda Jardí explican cómo esta desmotivación se puede confundir en el aula con comportamiento pasivo y/o de aburrimiento del niño. “Además -agregan-, el reforzamiento positivo y apoyo que reciben de los padres, profesores y otros compañeros puede influir en que se sienta inferior y tenga o no ganas de intentarlo y esforzarlo”.

“Generalmente, cuando una persona sin dificultades de aprendizaje rememora su infancia escolar suele recordar momentos significativos, como representaciones teatrales, excursiones o viajes de estudios, los juegos y recreos, etc., todos ellos positivos en su mayoría y carentes de vivencias angustiosas. Sin embargo, los niños disléxicos manifiestan de manera espontánea vivencias negativas reiteradas por todos y argumentan con mucha seguridad que quien no vive el trastorno y la situación que comporta, no es capaz de comprenderlo en toda su magnitud”, describe Helena Alvarado.

Este ambiente de descontento es creado en gran parte tanto por el profesor que desconoce lo que le ocurre al niño y no le presta la ayuda que necesita, como por los compañeros, que se burlan de él por sus bajas calificaciones. “Además, los profesores y el resto de niños no siempre comprenden comportamientos misteriosos en los alumnos con dificultades de lectura y escritura, como son el hecho de que el alumno parece tener días en que lee bien y días que lee mal. Por ejemplo, un día puede leer bien la palabra ‘primavera’ y otro leer ‘princesa’, o leer ‘tarmiva’ en lugar de ‘tranvía’. Odian leer”, matizan Golobardes y Jardí.

El apoyo de la familia siempre es necesario
El principal apoyo de los niños disléxicos es siempre la familia. Es muy importante que se sientan queridos y entendidos por sus seres más cercanos y que estos no les reprochen su rendimiento escolar. Según la Asociación Dislexia y Familia, “cuando empieza a aflorar el problema, se suele crear una relación muy tensa con la familia. El niño normalmente tiene malas calificaciones en la escuela y la palabra esfuerzo no es sinónimo de ningún resultado positivo. Estas presiones influyen negativamente en su relación con los demás y el niño empieza a pensar que es ‘tonto’, ya que a pesar de realizar un esfuerzo, es incapaz de aprender las enseñanzas más básicas como leer, escribir o las tablas de multiplicar. La familia y la escuela suelen etiquetarlo de vago y de no poner interés en lo que hace. En ese momento el niño pierde algo muy importante para su desarrollo: la autoestima”.

Para Helena Alvarado, la autoestima se pierde incluso antes de llegar a la adolescencia. “De hecho, el 80% de los niños que llegan a la consulta tienen problemas de trastornos asociados. Hay niños con seis y ocho años que tienen rasgos depresivos. Si no se tratan estos síntomas, pueden desencadenar en un bloqueo del niño, que hace que niños de siete años digan que se quieren morir”, asevera la psicóloga, para quien es necesario que los menores sean escuchados tanto por padres como por maestros para que todos comprendan qué es lo que les pasa y, por lo tanto, “puedan darles más rápidamente soluciones específicas”.

Cuando el caso no está diagnosticado y quienes le rodean se muestran convencidos de que el niño es “mal estudiante”, los padres suelen castigarles con la lectura obligatoria de libros y textos, lo que produce el efecto contrario que se desea en un principio, ya que obligar a un disléxico a leer es “como forzar a leer a un miope sin gafas y esperar que así se compense su alteración visual, esté contento y motivado por ello”, ejemplifica Alvarado.

Por ello, la actitud de los padres es fundamental en el tratamiento de la dislexia. Es importante que acudan a un psicólogo para que determine la causa de la dificultad en el aprendizaje de su hijo y que se pongan cuanto antes medidas para superarla. No obstante, hay que tener en cuenta que comportamientos sobreprotectores hacia los hijos tampoco resultan positivos para éstos, ya que deben aprender a afrontar su problema. El papel más importante que tienen que cumplir los padres de niños disléxicos es el del apoyo emocional, que entiendan la naturaleza de su problema de aprendizaje y que hagan todo lo que puedan por ayudarlo.

“Muchas veces los padres que han tenido dificultades similares y que han padecido en la escuela son los que tienden a ejercer una presión mayor, consiguiendo un fin totalmente opuesto al pretendido. Conviene que admitan su preocupación y compartan con el niño los problemas que tuvieron. Esto hace que el niño se sienta aceptado”, manifiesta Helena Alvarado, para recordar lo negativo que puede resultar también que los padres comparen al niño disléxico con sus hermanos u otros niños sin problemas.

Ayudar a corregirla
La dislexia no se supera nunca. Se padece durante toda la vida, pero sí existen algunos mecanismos para, al menos, corregirla y conseguir que los disléxicos sean capaces de leer un texto, escribirlo y comprenderlo. La terapia de aprendizaje puede durar de dos a tres años y comienza con el diagnóstico del problema. Para ello, indican Mireia Golobardes y Elisenda Jardí, hay que descartar:


Un coeficiente intelectual normal (igual o superior a 85).
Defectos de visión y audición.
Discapacidades neurológicas o físicas graves.
Oportunidades adecuadas para aprender.
Nivel de lectura inferior al de otras áreas relevantes.
Si se cumplen estas condiciones, es probable que el niño no sea disléxico, es decir, si su coeficiente intelectual es normal o tiene defectos en la visión o audición, puede ser que ahí resida la causa por la que le cuesta más aprender. Lo mismo ocurre si tiene una lesión cerebral o física, si no cuenta con las condiciones idóneas para aprender o si su nivel de lectura no es bueno pero sí el que presenta en otras materias, ya que a un niño disléxico le cuesta aprender todas las materias en general.

El director del Centro de Atención a la Diversidad, José Ramón Gamo, con amplia experiencia en el tratamiento de personas con dislexia, explica que el tratamiento tiene como objetivo corregir la dificultad a la hora de leer. “Se consigue reeducar al paciente en la dislexia enseñándole rutas de lectura que sean eficaces para entender lo que se lee. Si tenemos una dislexia de tipo auditivo, en la que el niño no escucha mal sino que no reconoce los sonidos de las letras, se interviene en la conciencia fonológica, en la capacidad que tenemos de identificar los elementos de una oración. Luego, se le enseña a identificar las sílabas que constituyen una palabra e identificar los componentes de sonido de cada palabra, a deletrear”, describe.

El siguiente paso consiste en enseñar “rutas para leer las distintas palabras” mediante el reconocimiento ortográfico. “Fundamentalmente, se da al paciente mucho volumen de vocabulario visual, para que el niño tenga esos patrones de ortografía almacenados. Luego se trabaja la mecánica lectora, que incluye un ritmo adecuado o una correcta entonación, fundamentales para la comprensión lectora. En paralelo, se va aumentando el volumen de vocabulario escrito, ya que el oral es adecuado para que aprendan a identificar las palabras cuando las ven escritas y se entrena la adquisición de este vocabulario para que no lo pierdan”.

Por último, cuando el niño sabe reconocer los sonidos y la ortografía de las palabras se trabaja la parte escrita y se le ayuda a emplear frases cada vez más complejas y bien estructuradas para el desarrollo un discurso, ya sea un texto narrativo o sintetizado. “En los colegios, solicitamos siempre que el examen sea escrito, como el del resto de compañeros, y que luego se confirme con un examen oral. Esto les ayuda porque a veces confunden la pregunta a la que están contestando, porque no entienden el enunciado, y cuando tienen que expresar las ideas de lo que han aprendido en un tiempo escrito y con tiempo limitado, el estrés para ellos es mayor, no organizan o desarrollan las ideas y los textos parecen incompletos. Por eso siempre se recomienda hacer un contraste para saber si el contenido está incompleto o es que no se ha entendido”, indica José Ramón Gamo.

Por su parte, desde Disfam se apuesta por ser respetuoso con todo tipo de alumnado y basar el aprendizaje en un método multisensorial, donde todos los sentidos entren en juego y el aprendizaje sea vivencial, cercano, significativo…. “Este tipo de aprendizaje no es tan sólo realmente efectivo con alumnos con dislexia, sino que la metodología multisensorial será beneficiosa para el resto del aula, consiguiendo un mejor nivel en relación con otros tipos de aprendizaje”, aseguran.

Esta teoría se basa en el hecho de que las personas recuerdan:

10% de lo que leen.
20% de lo que oyen.
30% de lo que ven.
50% de lo que oyen y ven.
70% de lo que dicen y escriben.
90% de lo que hacen.

“Por ello, para muchos la enseñanza puede ser facilitada con gráficos, diagramas, mapas mentales, computadoras, video u otros tipos de ayudas visuales. Otros alumnos, en cambio, tienen que tener las ideas prácticamente en sus manos. Para ellos, los instrumentos manipulativos hacen que sea posible y más fácil aprender asuntos abstractos como el contenido de las matemáticas”, agregan en Disfam, donde hacen hincapié en que el niño con dislexia necesita asociar forma y sonido, por lo que les resulta muy útil buscar refuerzos visuales o auditivos para trabajar el vocabulario, como aprender los días de la semana con cartulinas de diferentes colores o enseñar a dibujar los números con plastilina. “De lo contrario, si no se trata la dislexia, a la larga pueden presentarse problemas académicos considerables”, concluyen Golobardes y Jardí.




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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, marzo 05, 2006

Cada año, 20 mil niños sufren daños permanentes a causa del neumococo

Las complicaciones de la neumonía y la meningitis causadas por la bacteria del neumococo ocasionan lesiones permanentes a alrededor de 20 mil niños cada año en el país, las cuales van desde deficiencias auditivas hasta daños neurológicos, aseguró Alfonso Copto García, presidente de la Asociación Nacional de Pediatría.

El especialista señaló que la decisión del gobierno federal de incluir la vacuna contra el neumococo en el esquema universal de vacunación es muy positiva. A partir de que la estrategia se ponga en marcha, la prevalencia de la enfermedad se reducirá 80 por ciento en un plazo de dos años, indicó.

De acuerdo con el médico, tres de cada 10 niños se enferman con la bacteria de neumococo y de cada 100 pacientes, dos reportan complicaciones, como meningitis, que es la inflamación de las membranas que recubren el cerebro.

Investigaciones científicas han detectado que la mayoría de los niños pequeños son portadores asintomáticos del Streptococcus pneumoniae en nasofaringe, lo que incrementa el riesgo para el desarrollo ulterior de complicaciones.

Desde tiempo atrás los médicos pediatras se habían pronunciado porque las autoridades iniciaran la vacunación de los niños menores de dos años con la finalidad de prevenir infecciones graves de las vías respiratorias y, principalmente, la muerte.

Ayer Copto García resaltó que el programa de vacunación de México está a la vanguardia en América Latina, e incluso, en cuanto a su nivel de cobertura de más de 95 por ciento, es superior a las acciones que en esta materia se realizan en Estados Unidos.

Lo anterior a pesar de las restricciones presupuestales que han limitado la ampliación del programa a otros biológicos. Los especialistas han resaltado que ante el elevado número de decesos que ocasionaban enfermedades graves como el sarampión y las secuelas irreversibles de la poliomielitis, por ejemplo, las autoridades estaban obligadas a enfocar todo su esfuerzo en la prevención de estos y otros padecimientos.

Conforme se ha ido avanzando en cobertura y erradicación de varios de las enfermedades prevenibles por vacunación, se han incorporado nuevos biológicos al esquema universal. Ese ha sido el caso, en los años recientes, de la hepatitis B y la hemophilus influenza.

Lo que sigue es la inclusión de vacunas como la del neumococo, que ocurrirá a partir de 2006, según lo anunciado el jueves pasado por el presidente Vicente Fox. Todavía falta realizar un esfuerzo adicional, señaló Copto García, para ofrecer la vacunación universal y gratuita en contra del rotavirus, la hepatitis A y la varicela.

El experto comentó que la enfermedad por neumococo es grave, contagiosa y mortal. Afecta principalmente a los niños menores de dos años, por lo que las tres dosis de la inmunización se deben aplicar a los dos, cuatro y seis meses de edad, con un refuerzo a los 18 meses. Los infantes más susceptibles son los que tienen algún grado de desnutrición y los que asisten a guarderías, indicó.

Sobre la vacuna, mencionó que existe desde hace 10 años en el mundo y en México está disponible en el mercado privado desde hace cinco años, por lo que únicamente han tenido acceso a ella las personas que pueden pagar entre 500 y 600 pesos que cuesta cada dosis.

Actualmente existen dos tipos de vacuna que previenen el neumococo, la no conjugada o polisacárida y la conjugada heptavalente. La primera se aplica preferentemente a los adultos mayores, y la segunda, de mayor costo, es la recomendada para los niños menores de dos años de edad.

http://www.jornada.unam.mx/2005/12/17/035n2soc.php


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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sábado, marzo 04, 2006

Asma infantil sigue aumentando

En los últimos 15 años, los casos de asma infantil se incrementaron en el país. Entre las razones de este aumento, están el descuido de los padres con el tratamiento de sus hijos y que a los niños se les dan comidas procesadas a muy temprana edad.

Para el neumólogo pediatra José Pablo Gutiérrez, la disminución del período de lactancia materna ha sido la causa.

La costumbre de reemplazar este alimento natural por una dieta a base de fórmulas con proteínas animales y alimentos procesados que contienen químicos y colorantes potencialmente, los ha expuesto a las alergias.

Según el Estudio Internacional sobre Asma y Alergias en la Infancia (ISAAC por sus siglas en inglés), en 1989 un 23 por ciento de la población infantil costarricense (entre 6 y 14 años) padecía de asma, cifra que aumentó a 30 por ciento el año pasado y es una de las más altas de América Latina.

Gutiérrez, del Hospital Nacional de Niños, informó que el asma fue la tercera causa de hospitalización durante el 2005 en ese centro médico, y que los internamientos por asma y sibilancias alcanzaron, en promedio, 1312 casos en los últimos tres años.

No siguen las instrucciones

Uno de los datos más preocupantes es que muchas de las consultas por asma ocurren porque los padres suspenden el tratamiento sin aprobación médica.

Según Gutiérrez, los padres de familia desconfían de la efectividad de las medicinas o temen que los niños se enfermen más.

En otros casos, se administran dosis muy bajas de fármacos y como no son efectivos deciden terminar el tratamiento.

"Los medicamentos de control son los que realmente funcionan, y no se utilizan. La gente solo compra inhaladores en caso de crisis, pero ya es tarde porque el asma se va agravando", dice Gutiérrez.


"Cuídelos bien"

José Pablo Gutiérrez

Neomólogo pediatra

¿Porque aumentó el asma?

Los niños de hoy no realizan actividades al aire libre, así que no desarrollan defensas. Pasan mucho tiempo en casa y se exponen al polvo, los ácaros y otros organismos alergénicos.

¿Cuáles son los síntomas?

Secreción nasal, tos, flemas y una opresión en el pecho. Los padres deben consultar a un especialista para no confundir los síntomas con un resfriado.

¿Cómo prevenir la enfermedad en los recién nacidos?

Hay que extender el período de lactancia. Cuando los bebés cumplen un año, se les puede dar yogur o fórmulas que contengan probióticos para que desarrollen defensas.

¿Qué se aconseja a los padres de un niño asmático?

Ante todo, que no suspendan el tratamiento sin la opinión de un médico y que no fumen.




http://www.aldia.co.cr/ad_ee/2006/enero/06/vivirhoy0.html




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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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miércoles, marzo 01, 2006

Crece diabetes en niños por sedentarismo y estrés

La incidencia de diabetes en los niños es cada vez mayor, sobre todo entre quienes tienen antecedentes genéticos, en los cuales la obesidad es una característica generalmente asociada a esta patología, provocada por malos hábitos higiénico- dietéticos, dijo la doctora Gabriela Salas Pérez, coordinadora de Medicina Interna del Hospital Regional Adolfo López Mateos del ISSSTE.

Además de la carga genética, el estrés de las grandes ciudades, las dietas basadas en comida rápida y las que son ricas en grasa (muy accesibles a cualquier bolsillo) representan elementos determinantes para el desarrollo de este padecimiento.

Destacó también el alto consumo de la denominada "comida chatarra", así como el sedentarismo, ya que el no hacer ejercicio provoca seguir acumulando grasa y se afecta el metabolismo al ingerir alimentos, de tal forma que muchos de los nutrientes que ingerimos se acumulan innecesariamente en el organismo.

La diabetes, sea infantil o de adulto, se define como un trastorno del metabolismo de los carbohidratos, provocando una elevación persistente de éstos, detectados en una, dos o más ocasiones mediante estudios de sangre. La patología afecta por igual a niños o adultos, sin distinción de sexo.

La especialista del ISSSTE indicó que la diabetes no solamente afecta a los hijos de padres diabéticos graves, sino que existen muchos otros factores que pueden presentarse en cualquier momento de la vida y que ayudan a desarrollar el padecimiento; desafortunadamente, cuando éste es detectado ya es irreversible

Lo que sucede es que con esos pacientes (aún siendo niños, adolescentes o adultos) la diabetes, una vez declarada, pasará por algunas etapas que pueden llevar a las personas a creer que ya superaron el problema. Sin embargo, la diabetes es incurable, irreversible, crónica y con muchas complicaciones tardías, que pueden llegar a ocasionar la muerte, sea en la etapa joven o adulta.

Ante esta situación, afirmó la doctora Gabriela Salas, mientras el niño no baje de peso, no controle y no distinga esos hábitos que son anormales e inconvenientes por completo, su metabolismo o la degradación de los nutrientes se dificultará en forma progresiva, haciendo necesario el consumo de medicamentos para sustituir la insulina que su páncreas ya no es capaz de producir.

Manifestó que un niño diabético puede llevar a cabo una vida normal si su problema es detectado a tiempo y se sujeta a medidas de control. Sin embargo, en ellos también es necesario trabajar su parte emocional, especialmente para desarrollar una cultura del autocuidado.

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Saludos Cordiales


Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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