Salud Infantil - Pediatria *

domingo, abril 23, 2006

Los niños con síndrome de Down podrían sufrir trastornos de sueño


Las amígdalas y vegetaciones pueden provocar trastornos respiratorios como la apnea del sueño en niños entre 2 y 6 años



Madrid, 22 Abril 2006 (mpg/azprensa.com)

Los niños que padecen síndrome de Down pueden padecer pautas anormales de regulación del sueño y trastornos como la apnea del sueño ante el desconocimiento de sus padres, según un estudio del Hospital Infantil de Cincinnati, EEUU, publicado en 'Archivos de Otolaringología' del 'Journal of the American Medical Association' (JAMA).

Entre un 30 y un 60% de los niños con síndrome Down puede sufrir apnea del sueño, trastorno que se caracteriza por la interrupción intermitente de entrada de aire durante el sueño y, en el caso de estos niños, existe un mayor riesgo de que se convierta en apnea del sueño obstructiva, lo que supone el cierre de las vías aéreas, hipoventilación crónica, hipercarbia (exceso de dióxido de carbono en sangre) e hipoxemia (niveles de oxígeno en sangre inferiores a los normales).

El estudio tomó a 56 niños con síndrome Down con edad media de 42 meses a los que se les sometió al polisomnógrafo durante una noche y sus padres realizaron una encuesta sobre los hábitos de sueño de sus hijos. Los resultados concluyeron que el 57% de los niños habían dado resultados anormales con evidencias de apnea del sueño obstructiva.

Posteriormente decidieron agregar al estudio nuevas variables en el número de distensiones del sueño por hora y registraron que el 80% de los niños presentaban anormalidades en el sueño de modo que solo el 25% se encontraba en la fase REM (Rapad Eye Movement) o de sueño profundo que es una circunstancia propia de la edad.

Otro estudio realizado por el Hospital General Yagüe de Burgos y dado a conocer la pasada semana durante el X Taller Teórico-Práctico sobre los Trastornos Respeiratorios del Sueño concluía en que el 5% de la población infantil puede sufrir apnea del sueño, en gran ocasiones por causa del aumento desmesurado o hipertrofia del tamaño de las amígdalas y de las vegetaciones en los niños.

Para este estudio cogieron una muestra de 100 niños con hipertrofia de las amígdalas y las vegetaciones y en un 85% de los casos padecían trastornos respiratorios durante las horas de sueño teniendo más incidencia en niños entre 2 y 6 años ya que “es la edad en la que se produce el crecimiento de amígdalas y vegetaciones”, según la doctora de la Unidad del Sueño del Hospital General Yagüe, la doctora Mari Luz Alonso.

Para solucionar este tipo de apnea producida por las amígdalas y las vegetaciones aconsejan la extirpación, a través de intervención quirúrgica puesto que “un 80% de los niños que sufren este tipo de hipertrofia y que han sido intervenidos, eliminan los trastornos respiratorios del sueño”.

Asimismo, consideran probable que niños con sobrepeso desarrollen trastornos respiratorios durante el sueño como apuntan investigadores internacionales que aseguran que un 36% de los niños obesos pueden padecer apnea del sueño, aunque no hay datos concluyentes.

 

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miércoles, abril 19, 2006

Con la ecografía se ha aumentado significativamente la detección de múltiples problemas urológicos infantiles antes de presentar síntomas

Además, como se asegura desde el Grupo de Urología Pediátrica de la AEU, esta herramienta también ayuda a detectar malformaciones en el feto a partir de los tres meses de embarazo


Madrid, 19 abril 2006 (azprensa.com)

La dilatación de los riñones (hidrofrenosis) y la dilatación del ureter (ureterohidroefrosis) son algunas de las malformaciones que se pueden detectar a través de ecografías, a partir de los cuatro meses de embarazo.

La hidronefrosis o dilatación de los riñones tiene una prevalencia muy alta. Afecta a uno cada 1.000-3.000 recién nacidos. Se les realizan distintos estudios, porque no todos los riñones dilatados están obstruidos. Aproximadamente, un tercio de los casos precisa Cirugía.

El doctor Andrés Gómez Fraile, coordinador del Grupo de Urología Pediátrica de la Asociación Española de Urología (AEU) asegura que este tipo de herramientas de diagnóstico ha aumentado significativamente la detección de múltiples problemas antes de presentar síntomas. “Cada vez es más frecuente que acudan niños a la consulta sin síntomas con un diagnóstico de dilatación del riñón o de la vía escretora. En estos casos se lleva a cabo diversos estudios para determinar si esa dilatación se debe a un problema obstructivo o a un reflujo”, explica este experto.

El reflujo vésico-ureteral es otra enfermedad urológica frecuentes entre los más pequeños. Consiste en el desplazamiento ascendente de la orina desde la vejiga a los uréteres, y en caso de infección de orina asociada puede provocar lesiones en el riñón. La mayoría de los reflujos”, explica el doctor Gómez Fraile, “se suelen diagnosticar tras cuadros de infecciones urinarias, aunque actualmente pueden sospecharse prenatalmente, mediante ecografía. Los síntomas son grado de reflujo y estado de los riñones e indican el tipo de tratamiento. Suele ser conservador aunque en algunos casos es preciso una intervención quirúrgica por persistencia o por aparición de complicaciones, infecciones o deterioro renal. Un alto porcentaje de los que se detectan prenatalmente o en edades muy tempranas, independientemente del grado del reflujo, pueden resolverse en el crecimiento. En los niños que no tienen síntomas y los riñones no están en mal estado los especialistas se limitan a “esperar a ver su evolución”.

Por otra parte, la infección urinaria afecta a un cuatro por ciento de los niños españoles en edad escolar. Es el cuadro clínico más frecuente que acompaña a las patologías urológicas en la infancia. Los síntomas generales de infección urinaria en niños pequeños son vómitos, decaimiento o irritabilidad, rechazo del alimento, alteración en la hidratación y fiebre. En niños más mayores pueden presentar, además de los anteriores síntomas, disuria (dolor en la uretra durante la micción), lumbalgia, dolor abdominal y hematuria (sangre en la orina). El dolor puede persistir durante un breve período tras la micción. En los más pequeños, este tipo de infección puede ser indicio de una malformación congénita

La patología más frecuente asociada es el reflujo vésico ureteral. En otras ocasiones se asocia a alteraciones funcionales del aparato urinario, pero también puede ser un cuadro aislado, aconsejándose entonces una higiene adecuada de los genitales (limpieza al realizar deposiciones o después de orinar en las niñas).

Incontinencia de orina

Es un síntoma frecuente que acompañar a las malformaciones, alteraciones anatómicas y/o funcionales del aparato urinario. Es especialmente frecuente la enuresis nocturna, es decir, los escapes involuntarios de orina durante el sueño. Su incidencia es de un 15 por ciento a la edad de 5 años. En edades previas se considera normal, constituyendo una fase en la maduración del control urinario. El doctor Gómez Fraile asegura que las incontinencias nocturnas puras se consideran subsidiarias de tratamiento a partir de los cinco años de edad. Una vez diagnosticadas no existe patología anatómica de base y en la actualidad suelen evolucionar bien con tratamientos a base de hormona antidiurética sintética o con aparatos de alarma.

Las incontinencias diurnas necesitan ser más estudiadas para conocer las causas. Pueden ser anatómicas o funcionales. Las más frecuentes son éstas últimas. Afectan más a las niñas y su origen es una falta de maduración en el control vesical. En estos casos se requiere un tratamiento médico y unas pautas de reeducación funcional.

Alteraciones en los genitales externos

Dentro de este grupo el hipospadias es una malformación muy frecuente. Constituye un defecto congénito del pene producido por desarrollo incompleto de la uretra, los cuerpos cavernosos y el prepucio. “El orificio ureteral en vez de estar situado en la punta del glande se encuentra más abajo pudiendo faltar toda la uretra peneana. En la actualidad se corrige quirúrgicamente y aproximadamente en un 70-80 por ciento de los casos se resuelve sin ningún tipo de complicación”, asegura este urólogo.

La criptorquidia o la falta de descenso de uno o ambos testículos a la bolsa escrotal está presente en el uno por ciento de los niños. Se suele resolver quirúrgicamente y la operación se lleva a cabo cuando el niño tiene entre un año y medio y dos años de edad. Otra patología muy frecuente es la fimosis. En estos casos, la piel impide descubrir el glande y, por tanto, hace imposible una higiene adecuada.

La mayoría de estas enfermedades no tienen síntomas de alerta inmediatos. Las más fácilmente diagnosticables son las que afectan a los genitales externos, ya que se detectan a través de una simple exploración física. Entre las patologías malformativas, las hay con una clara tendencia familiar, como es el caso de los hipospadias. No obstante, se desconoce la causa de ambas malformaciones.

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sábado, abril 15, 2006

Los padres detectan mejor los comportamientos emocionales de sus hijos y los profesores los comportamientos agresivos

La ansiedad, tristeza, soledad o quejas físicas, reales o imaginarias, eran mejor detectadas por los padres


Washington, 15 Abril 2006 (mpg/azprensa.com)

Los padres son los mejores en detectar las emociones de sus hijos, mientras que los profesores evalúan los comportamientos agresivos de los menores, según un estudio de la Universidad de Virginia, presentado en la reunión anual de la Asociación Americana sobre Investigación Educativa (AERA).

El estudio, realizado con el fin de conocer quien evalúa mejor los comportamientos de los niños en la escuela, resuelve que “tanto padres como profesores son importantes en el asesoramiento sobre el comportamiento del niño”, según ha asegurado el coordinador del estudio, Tomothy Konold.

Para llegar a estas conclusiones, se utilizaron encuestas a padres y profesores de 562 alumnos de primer grado del Instituto Nacional de Salud Infantil y un estudio sobre comportamiento humano de la temprana edad. Se analizaron 96 comportamientos típicos que mostraron diferentes respuestas dependiendo de quién lo evaluara (padres, madres o profesores).

De este modo, concluyeron que los padres son mejores en detectar comportamientos emocionales como la ansiedad, la tristeza o soledad, o quejas físicas reales o imaginarias. Por su parte, los profesores localizaban mejor los comportamientos agresivos como discusiones, mentiras o insultos, comportamientos que podrían aprender de sus padres los que los reconocerían como erróneos.

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viernes, abril 14, 2006

Problemas de dicción

Prolongar el uso del chupete o del biberón puede causar malformaciones en el paladar que dificultan la pronunciación

Los balbuceos y los errores de dicción son muy comunes en los niños cuando pronuncian sus primeras palabras. Sin embargo, este tipo de trastornos no deberían producirse una vez que el niño ha cumplido cinco años. Se considera que a esa edad el pequeño ya debe hablar bien y que dificultades como la pronunciación de la ‘r’ y sus combinaciones con otras letras deben estar superadas. Cuando esto no es así, es importante acudir al logopeda y que éste determine si el origen del trastorno es funcional, de tipo orgánico (malformación en el paladar) o auditivo, ya que los dos últimos podrían requerir incluso una intervención quirúrgica. El uso prolongado del chupete o la afección de otitis serosas pueden causar este tipo de problemas que, no obstante, se resuelven sin mayor complicación cuando se detectan a tiempo

Por qué se producen

Los problemas de dicción son frecuentes en los niños. A medida que aprenden a hablar tienen una mejor pronunciación y legibilidad pero, hasta que lo hacen correctamente, es habitual que les cueste pronunciar algunas letras como la ‘c’ o la ‘z’ y, sobre todo, la ‘r’. Es lo que se conoce, según la Asociación de Logopedas Andaluces, como dislalia, un término general que se refiere a la dificultad para pronunciar o construir fonemas. En concreto, además de los citados, este trastorno afecta a la pronunciación de los sonidos ‘l’ (lambdacismo), ‘g’, ‘k’ y ‘j’ (gammacismo), ‘d’ y ‘t’ (deltacismo), ‘s’ (sigmatismo), ‘b’ y ‘p’ (betacismo) y las combinaciones bl, br, cl, cr, pl y pr.

Sobre la ‘r’, la letra que más a menudo cuesta pronunciar, la logopeda infantil Ana Cruz Navascuez explica que esto es así porque es uno de los fonemas que se adquiere más tarde, es decir, “se aprenden antes los fonemas que se articulan entre los dientes o en los labios, como la ‘m’ o la ‘p’, mientras que la ‘r’, y todas las combinaciones con ‘r’ y con ‘l’, se aprenden más tarde porque requieren la vibración de la lengua”. Esto es lo que denomina dislalia evolutiva: niños y niñas aprenden progresivamente a pronunciar y cometen cada vez menos errores. No obstante, cuando los problemas de dicción continúan pese a que el niño ha cumplido los cinco años, es hora de empezar a pensar que estos trastornos tienen otro origen, que puede ser:

Funcional. En este caso, se carece de la capacidad para pronunciar determinados fonemas porque no se manejan bien los órganos bucofonatorios, aquellos que son necesarios para articular los sonidos, como la lengua.

Orgánico. Puede darse el caso de que la mala pronunciación se origine por una malformación en el paladar, cualquier alteración en otro órgano que interviene en el habla o problemas en el área neurológico del lenguaje. En ocasiones, puede ser necesaria una intervención quirúrgica para corregir las malformaciones.

Auditivo. Cuando el niño no escucha bien, puede tener dificultades para entender los sonidos y, por consiguiente, para aprenderlos y pronunciarlos. Las deficiencias auditivas influyen de manera importante en las deficiencias de aprendizaje.

“En realidad, la dislalia preocupa, sobre todo, porque los problemas de lenguaje son un problema de comunicación, y un niño que pronuncia mal muchas veces arrastra una serie de problemas en la escuela, como dificultades en la lectoescritura al no distinguir bien un fonema de otro”, especifica Cruz Navascuez, quien subraya que todo este tipo de trastornos se pueden superar sin ningún problema.

Tratamiento

Los problemas de dicción se pueden corregir, pero no de un día para otro. En este sentido, al detectarse en los niños, es necesario que las terapias para ellos se planteen como un juego y que no se sientan presionados para aprender a pronunciar correctamente en un tiempo límite. El objetivo del tratamiento es ejercitar los movimientos de los órganos que intervienen en la articulación de los fonemas (labios, dientes, lengua) para que los menores no encuentren dificultad en pronunciarlos. “Los métodos más eficaces son los que se realizan a través del juego, porque el niño aprende disfrutando y de una manera lúdica a colocar la lengua, la boca, los labios o, simplemente, aprende a respirar correctamente mientras habla”, explica Ana Cruz Navascuez.

Algunos de los ejercicios más habituales que se realizan son los denominados ejercicios de soplo, en los que se pide al niño que sople la llama de una vela sin que ésta llegue a apagarse o se le motiva para hacer pompas de jabón con la ayuda de un pompero. También son muy beneficiosos los juegos de imitación, en los que se reproduce el sonido de un motor (para enseñar a pronunciar la ‘r’) o del silencio (-“ssssss”- para enseñar a pronunciar la ‘s’), y los ejercicios de movilidad de la lengua: sacar y meter la lengua, moverla en todas las direcciones… “Es importante enseñar a colocar la lengua en el sitio adecuado y situar al niño frente a un espejo para que vea cómo lo hace. De esta manera, aprenderá a mover la lengua o los labios de la forma correcta para poder imitar el sonido que desea. Puede resultar complicado, porque se tiene que conseguir que el niño no se aburra, pero el método del espejo es muy positivo”, reconoce Cruz Navascuez.

Lo fundamental para que el niño aprenda es que se pongan los medios y no se le presione. Si percibe como una obligación la necesidad de pronunciar bien, aumentará su nerviosismo y, de forma paralela, las dificultades para articular las letras. En cualquier caso, para elegir el mejor método de aprendizaje, el logopeda deberá discernir primero si se trata de un trastorno de:

  • Sustitución. El niño pronuncia un fonema otro, por ejemplo, convierte las ‘s’ en ‘z’.
  • Omisión. La letra que crea dificultades no se pronuncia.
  • Distorsión. Se pronuncia el fonema correcto, pero de manera distorsionada.
  • Inserción. El niño introduce un nuevo fonema y en lugar de decir ‘tractor’ dice, por ejemplo, ‘taractor’.

La logopeda Amaia Rivero, portavoz de la Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología (AELFA), asegura que este tipo de trastornos son “muy frecuentes” en los niños y que la mayoría se corrigen con el tiempo, pero advierte de la importancia de acudir a un especialista para que enseñe al pequeño la manera correcta de pronunciación ya que, según indica, las necesidades de los niños no son las mismas y, aunque los problemas se puedan corregir sin la intervención del logopeda, los resultados no son siempre los esperados. “Aún no existe ‘cultura del logopeda’, es una especialidad desconocida”, confiesa.

Prevención

En el periodo escolar, cuando los niños y niñas tienen tres o cuatro años, es posible que presenten aún dificultades de articulación, aunque no todas tienen por qué ser preocupantes. Al fin y al cabo, la evolución de la fonología sigue un proceso natural, que no va al mismo ritmo en todas las personas. “Sin embargo, es importante que a partir de los cuatro años observemos si las alteraciones de articulación obedecen a un proceso de articulación alterado y dificultoso, o si, por el contrario, obedecen a alteraciones auditivas”, aconseja Amaia Rivero, ya que, según explica, “pequeñas alteraciones auditivas son muchas veces el origen de grandes alteraciones que influyen en el lenguaje”.

“Las otitis serosas de repetición, que se dan mucho en niños entre dos y cuatro años, a menudo no son perceptibles por los propios padres, pasan desapercibidas y, sin embargo, implican pérdidas auditivas que pueden originar dificultades articulatorias importantes, que conllevan un retroceso en el desarrollo del lenguaje”, reflexiona Rivero. Aunque se presupone que a los tres años los niños pueden cometer fallos en la pronunciación, es importante distinguir el origen de esos fallos y diferenciar entre las dificultades articulatorias y las auditivas. “Ambas son subsanables, -señala Rivero- pero es precisa una atención preventiva y buenos hábitos”.

En este sentido, Ana Cruz Navascuez considera que hasta los cinco años no hay motivo para preocuparse por una pronunciación incorrecta aunque anima a acudir antes a un especialista ante la sospecha de que estos trastornos se deban a problemas de otra índole que el puro retraso natural del aprendizaje. “Cuando las dislalias son múltiples a los cuatro años de edad también es necesario acudir a un logopeda para determinar las causas y el origen”, advierte. A los cuatro años la mayoría de los niños tienen que hablar bien, puede quedar una ‘r’ o una ‘s’ que no se pronuncian o se resbalan, pero se deberían articular bien todos los fonemas. “Por ello, aunque hasta los cinco años no hay que preocuparse, es importante actuar cuanto antes y acudir a un logopeda para descartar problemas de articulación más complicados que el funcional”, argumenta Cruz Navascuez.

Por otro lado, es aconsejable no prolongar el uso del chupete o del biberón más allá de los dos años, cuando el niño ya no lo necesita o ha comenzado a tomar dietas sólidas, puesto que se pueden producir malformaciones en el paladar que afecten a la articulación. Tampoco es recomendable permitir al niño la costumbre de chuparse el dedo. “El chupete sólo es necesario en momentos de ansiedad. No lo deben utilizar de manera continuada porque los malos hábitos provocan alteraciones que, a veces, son difíciles de corregir. Hay que motivar a los pediatras para que aconsejen a los padres en esta línea”, asevera Amaia Rivero.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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