Salud Infantil - Pediatria *

domingo, diciembre 31, 2006

El 7% de los niños hasta 6 años requieren atención especial

Aproximadamente un 7 por ciento de los niños hasta 6 años requiere una atención por necesidades especiales, según el informe 'SIAS 4' (Salud, Infancia, Adolescencia y Sociedad), elaborado por el Grupo Sevilla de Pediatría Social, que incluye datos a escala nacional.

En España, el 2,24 por ciento de los niños hasta seis años tienen alguna discapacidad, casi el 2,50 sufren algún trastorno en el desarrollo que no tiene por qué derivar forzosamente en discapacidad, mientras que aproximadamente otro 2,50 por ciento tienen un riesgo biológico o social de padecer un trastorno.

El estudio, financiado por la Fundación El Monte y dirigido a profesionales de la Asociación Nacional de Pediatría Social y de la Asociación Nacional de Pediatría, fue presentado hoy en Sevilla por el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, y por los técnicos que han intervenido en su elaboración.

El hecho de que el 7 por ciento de los niños requieran una atención especial, sumado al de que el 10 por ciento de los niños y adolescentes viven en un medio de pobreza o deprimido ha llevado a los técnicos que han elaborado el estudio a reclamar un marco normativo específico que haga que esa atención sea 'universal y gratuita' y prevea apoyo a los padres y la familia en toda España.

El profesor Ignacio Gómez de Terreros, especialista en Pediatría Social, demandó 'un compromiso responsable de los profesionales' para que no esperen iniciativas de los políticos sino que sean ellos quienes las estimulen.

Las enfermedades crónicas más frecuentes entre los menores con discapacidad son la artrosis y los problemas reumáticos, que afectan a un 23 por ciento de esos menores; la bronquitis crónica, el asma o enfisema, que afecta al 14,2 por ciento de los menores discapacitados; y las enfermedades del corazón, al 13,1 por ciento.

Contrariamente, cuando los menores no sufren discapacidad, las enfermedades crónicas más frecuentes son las alergias, el 61,3 por ciento; la bronquitis crónica, el 13,9 por ciento; y las jaquecas, migrañas o dolores fuertes de cabeza, el 12,9 por ciento.

El estudio señala que Castilla y León, Murcia, Andalucía y Galicia presentan unas tasas superiores a la media nacional, mientras que en La Rioja, Canarias, País Vasco, Baleares, Madrid y Navarra las tasas por discapacidad en menores son inferiores a la media.

Las discapacidades más frecuentes de los menores entre 6 y 17 años son las que afectan al desplazamiento, como poder deambular sin medio de transporte y tener problemas de acceso a transporte público, un 43 por ciento; y a la comunicación personal mediante lectura o escritura convencional, un 38,6 por ciento.

Les siguen las discapacidades para realizar tareas del hogar, un 37,5 por ciento de los discapacitados, para el aprendizaje de tareas de cierta complejidad, el 34,8 por ciento; para cuidar de sí mismo, el 31,7 por ciento; y para mantener relaciones de amistad o cariño con otras personas, el 32,7 por ciento, unos porcentajes que el estudio relaciona con Andalucía pero de los que dice que en el resto de España son similares.

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sábado, diciembre 23, 2006

Los frutos secos en la dieta infantil

Los frutos secos son alimentos muy completos desde el punto de vista nutritivo, por lo que conviene incluirlos en la dieta infantil para que los niños se acostumbren al sabor de estos alimentos, si bien cuando ellos son muy pequeños hay que tener en cuenta ciertos consejos.

Las virtudes nutritivas de los frutos secos

Los frutos secos destacan por su elevado contenido energético, ya que 100 gramos de frutos secos aportan más de 500 calorías (excepto la castaña, que contiene unas 200 calorías). Este importante valor energético deriva de su escaso contenido en agua (menos del 10 por ciento de su composición), y de su notable cantidad de grasas (más del 50 por ciento de su peso) y proteínas (alrededor del 20 g/ 100 g). En la composición de las grasas de los frutos secos predominan los ácidos grasos insaturados, y entre ellos, el ácido linolénico y el linoleico, ambos nutrientes esenciales que el organismo humano es incapaz de sintetizar y que resultan vitales para la formación de las membranas celulares, particularmente de las células nerviosas, que en los niños están en pleno crecimiento y desarrollo. Además, los frutos secos no contienen colesterol, lo que unido a su saludable perfil de grasas, son alimentos que consumidos habitualmente ayudan a prevenir trastornos cardiovasculares desde la infancia.

Junto con las legumbres y los cereales, los frutos secos forman un equipo muy completo: aportan una excelente fuente de proteínas vegetales (bien combinados estos alimentos, dan lugar a proteínas completas equivalentes a la proteína animal), variedad de vitaminas del grupo B (B1, B3, B6 y folatos), vitamina E (potente antioxidante) y minerales como el hierro y calcio (estos dos minerales de peor absorción), potasio, fósforo, magnesio y cinc. Las vitaminas del grupo B son necesarias para el desarrollo del sistema nervioso del niño, la formación de sus glóbulos rojos y el aprovechamiento de la energía que contienen los alimentos. Parte de la vitamina B1 y de la E se destruyen durante el proceso de tostado que se suele aplicar con frecuencia a los frutos secos, razón suficiente para acostumbrar a los niños a comer frutos secos de la manera más natural. Además, estos alimentos son ricos en fibra, por lo que facilitan el tránsito intestinal, y previenen o mejoran el estreñimiento que con frecuencia se da entre los más pequeños.


Cuándo ofrecer frutos secos a los niños

Cuando los niños son pequeños, tienen menos de dos años, los frutos secos presentan para ellos más inconvenientes que ventajas, que conviene conocer.

Riesgo de atragantamiento

Hay que observar y conocer bien el ritmo evolutivo del niño a la hora de masticar. Como norma general, no se aconseja que los niños de menos de dos años coman frutos secos, ya que en general, no coordinan bien los movimientos de masticación, y si no mastican muy bien los frutos secos existe el riesgo de que se atraganten con ellos. Por ello, cuando se le ofrecen frutos secos a un niño pequeño es importante supervisarlo mientras come e insistirle en que mastique mucho los alimentos antes de tragarlos para evitar un percance. Una forma de incluir los frutos secos en su alimentación es triturarlos con un poco de agua o aceite y preparar una mantequilla para untar el pan o las galletas del desayuno, el almuerzo o la merienda. Y para hacer la dieta más variada y que se habitúe al sabor de estos alimentos tan nutritivos se pueden mezclar los frutos secos con el yogur, las ensaladas, las frutas, la sopa, los platos de verdura o elaborar salsas para acompañar los trocitos de carne o de pescado.


Difíciles de digerir y muy calóricos

Los frutos secos, dado su elevado contenido en grasas, son alimentos muy calóricos y difíciles de digerir, por lo que las cantidades que deben consumir los niños (también las personas adultas) han de ser pequeñas, para evitar que luego les duela la tripa. Al ser los frutos secos alimentos muy apetecibles, muchas veces resulta difícil que dejen de comerlos, aunque hay que insistir en que no se excedan con la cantidad.

Alergia a los frutos secos

Para los niños, los frutos secos son junto con la leche, el pescado y el huevo, alimentos problemáticos por su capacidad de provocar alergias, siendo los cacahuetes, en general, los que mayor número de alergias provocan.
Algunos síntomas que nos ayudan a identificar una alergia a un alimento, en concreto a los frutos secos, podrían ser el goteo nasal, la urticaria por todo el cuerpo, el hormigueo en la lengua o la sensación de opresión en la garganta. Los síntomas pueden empeorar rápidamente si el niño presenta dificultad para respirar, inflamación de la garganta u otras partes del cuerpo, llegando a producirse una reacción anafiláctica, que si no se trata a tiempo puede tener consecuencias fatales.

El niño, si es muy pequeño no puede decirle a su mamá o a su papá si le duele el estómago o le pica la garganta, y ésta es una de las razones por la que no es fácil diagnosticar las alergias a los alimentos en las primeras etapas de la vida de un niño. Por ello, es importante observar cómo reacciona el organismo del niño cada vez que introducimos en su dieta un nuevo alimento, y estar más atentos cuando se trate de un alimento alergénico, sobre todo si hay antecedentes de alergias alimentarias en la familia. En estos casos, conviene esperar hasta los 3 o 4 años a introducir los frutos secos en la alimentación del niño.





Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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viernes, diciembre 08, 2006

Niños: blanco preferido de males respiratorios

Los males respiratorios no tienen una fecha ni una edad específica para atacar, pero lo cierto es que en la temporada otoño-invierno, debido al cambio de clima, estas afecciones aumentan y se presentan con mayor fuerza. Los niños son su blanco preferido.

"Hay un aumento en el pico de infecciones respiratorias", asegura Ramón Emilio Peralta, pediatra del Centro de Ginecología y Obstetricia, quien agrega que muchos procesos virales se producen en las vías respiratorias altas, incluyendo otitis, rinitis, amigdalitis y procesos bronquiales.

En el caso de que el niño padezca de un problema respiratorio de base, como el asma, tiende a desarrollar más crisis durante el período otoño-invierno, al igual que el infante con una condición predeterminada, como la anemia falciforme. Y aunque en algunos pequeños la afección no pasa de una simple gripe, en otros, lo ideal es acudir a la consulta del especialista.

"Las normas americanas de pediatría recomiendan que cuando el niño tiene un proceso gripal con fiebre por más de 48 horas es necesario llevarlo al médico. Otras señales también son tos constante, mucosidad nasal, inyección conjuntival o síntomas de deshidratación", dice.

Otros focos

Además de los cambios de temperatura, otra situación que precipita las afecciones respiratorias, se dan en niños que desde temprana edad asisten a centros de cuidados o guarderías, ya que aumenta el contacto entre los infantes, "empiezan a intercambiar virus y desarrollar procesos respiratorios a más temprana edad", agrega Peralta. Enfatiza en que lo correcto, en caso de que el niño tenga un proceso viral, es no llevarlo a la guardería o al colegio "porque va infectar a los demás y una simple gripe se convierte en una gripe compartida".

Tampoco es recomendable utilizar medicación sin prescripción médica. "A veces las madres comienzan a suministrarle un antibiótico porque se lo dieron a un vecino y le funcionó, pero todos los procesos respiratorios no necesita antibióticos ni todos los niños no son iguales. Por ejemplo, cuando son virales no se necesitan antibióticos", explica el pediatra. Lo ideal es llevarlo al médico para que él identifique si se trata de una infección bacteriana o viral y luego le indique el tratamiento adecuado.

Lo que sí deber hacer la madre es mantenerlo en reposo, abrigado y suministrarle mucho líquido para que no se deshidrate. Otra forma de protegerlo es con la vacuna de la gripe o la influenza, que sale al mercado en septiembre de cada año con las cepas que presumiblemente van a estar afectando durante el próximo año todo el globo terráqueo. Esta se puede aplicar cada año, a partir de los seis meses de edad.

Virus vs bacterias

Los virus son entidades que tienen un curso natural. Llegan, producen la enfermedad, tienen un ciclo, mueren, el cuerpo los rechaza y se van. Por lo general duran entre tres y siete días y por esa razón no necesitan de antibióticos.

Mientras que las bacterias son organismos más resistentes y necesitan antibióticos para ser combatidos, ya que el organismo no cuenta con el potencial suficiente para contrarrestarlas.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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