Archive for May, 2010

Cambio en la política de un grupo de pediatras basado en la evidencia de que podría beneficiar a algunos niños

LUNES, 24 de mayo (HealthDay News/DrTango) — La Academia Estadounidense de Pediatría ha emitido nuevas directrices sobre la prevención del ahogamiento en los niños, teniendo en cuenta los riesgos de las populares piscinas inflables y nueva evidencia de que la instrucción en seguridad podría ser útil para los niños que están aprendiendo a nadar.

La AAP cambió sus directrices anteriores y ya no recomienda evitar que los niños entre uno y tres años naden porque hay evidencia nueva de que esa instrucción puede ayudar a evitar que algunos niños pequeños se ahoguen.

El ahogamiento es la segunda causa principal de muerte en niños entre 1 y 19 años de edad. Unos 1,100 niños murieron por ahogamiento en los EE. UU. en 2006. Los niños que están aprendiendo a caminar y los adolescentes están en el riesgo más elevado.

“No todos los niños estarán listos para aprender a nadar en la misma edad”, señaló el Dr. Jeffrey Weiss, autor líder de una declaración de políticas que fue publicada en línea el 24 de mayo y estará disponible en la edición de julio de la revista Pediatrics. “Las lecciones de natación podrían hacer parte importante de la protección general, que debe incluir barreras en las piscinas y supervisión constante e idónea”.

La declaración de políticas no recomienda la instrucción en el agua para niños menores de un año.

“Para proteger a sus hijos, los padres necesitan pensar en capas de protección”, explicó Weiss en un comunicado de prensa.

“Los niños necesitan aprender a nadar”, apuntó. “Pero ni siquiera las habilidades avanzadas de natación pueden proteger del ahogamiento a los niños de ninguna edad. Los padres también deben supervisar muy de cerca a los niños cerca del agua y saber como realizar RCP. Es fundamental tener una cerca alrededor de la piscina”.

Los pediatras expertos consideran que una cerca que separa la piscina del resto del mundo, incluida la casa, reduce el riesgo de ahogamiento a la mitad.

Sin embargo, las leyes sobre cercado de piscinas con frecuencia no aplican para las piscinas inflables de gran tamaño que podrían necesitar miles de litros de agua. Los funcionarios oficiales contaron 47 muertes de niños relacionadas con estas piscinas entre 2004 y 2006.

“Debido a que algunas de estas piscinas tienen lados suaves, es muy fácil que un niño se incline hacia ella y caiga de cabeza al agua”, advirtió Weiss. “Estas piscinas presentan un peligro constante”.

Weiss señaló que, aunque muchos padres vigilan a sus hijos cerca de las piscinas, cualquier momento de distracción puede ser un problema. “No es que no haya supervisión, es que se interrumpe”, puntualizó.

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Liftoff

La gimnasia rítmica podría ayudar a las niñas a tener huesos más fuertes

Written by salud infantil on Wednesday, May 12th, 2010 in Pediatria.

Se desconocen los beneficios a largo plazo, pero podría reducir el riesgo de fracturas en el futuro, plantean los investigadores

JUEVES, 6 de mayo (HealthDay News/DrTango) — La gimnasia rítmica, un deporte de élite en el que las competidoras utilizan aros, cintas y otros objetos en su rutina, mejora la salud ósea en las niñas, señala una nueva investigación.

“Estudios previos que se han hecho en adolescentes han encontrado una relación entre el ejercicio con pesas y una mayor densidad ósea y fuerza ósea”, dijo el autor principal, el Dr. Symeon Tournis, de la Universidad de Atenas en Grecia, en un comunicado de prensa de la Endocrine Society.

“Nuestros hallazgos muestran que el entrenamiento de las gimnastas rítmicas mejora de manera significativa la salud ósea en las adolescentes. Puesto que las características de la osteoporosis aparecen en la infancia, es posible especular que si las niñas mantienen su entrenamiento más allá de la adolescencia, aunque sea un entrenamiento menos intensivo, podrían tener un menor riesgo de fractura ósea posteriormente en la vida”, agregó Tournis.

En el estudio participaron 26 niñas de 9 a 13 años que eran gimnastas rítmicas de élite que habían entrenado durante al menos dos años, y 23 niñas del mismo grupo de edad que sólo habían participado en actividades relacionadas con la educación física.

Los investigadores encontraron que las gimnastas rítmicas tenían mayor grosor cortical (la capa exterior del hueso) y fuerza ósea en comparación con las otras niñas.

Los hallazgos del estudio aparecen en la edición de junio de Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

“La importancia a largo plazo de los beneficios esqueléticos obtenidos mediante ejercicio intensivo es incierta”, dijo Tournis. “Algunos estudios han mostrado un declive en la densidad mineral ósea después del cese del entrenamiento, aunque un estudio reciente encontró incrementos en el contenido mineral óseo y el grosor cortical en gimnastas a los seis años después de retirarse”.

healthfinder.gov

El dolor de cabeza en niños

Written by salud infantil on Tuesday, May 4th, 2010 in Pediatria.


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A pesar de que sólo un mínimo porcentaje de casos de cefalea tienen su origen en una enfermedad grave, es uno de los síntomas que más preocupa a los padres

La prevalencia del dolor de cabeza infantil se ha triplicado en los últimos 20 años. Sin embargo, su manejo analgésico es todavía una asignatura pendiente. En la mayoría de los casos, se entiende como un problema común y se aborda del mismo modo que una subida de temperatura (fiebre). Los medicamentos más utilizados y prescritos por los especialistas son el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos aunque, a menudo, ni las dosis, ni el horario de tomas o la forma de presentación se ajusta al tratamiento adecuado. Para distinguir una cefalea de un problema más grave de salud hay que realizar una exploración física completa, además de un examen clínico que recoja los antecedentes patológicos y familiares del afectado. No obstante, pese a la preocupación de los padres, un mínimo porcentaje de los casos de cefalea tienen su origen en una enfermedad grave.

* Autor: Por MONTSE ARBOIX
* Fecha de publicación: 30 de abril de 2010

Datos sobre afectados

El dolor de cabeza se considera a menudo un trastorno común. Sin embargo, tiene un gran impacto en la vida diaria del afectado y, en el caso de los niños, en su vida escolar. Un niño con cefalea pierde el doble de días de escuela que otro sin dolor de cabeza. Los costos individuales y sociales obligan a tenerlo en cuenta como entidad patológica y, por ello, es fundamental el diagnóstico correcto y un tratamiento eficaz.

En una revisión reciente realizada en Navarra, se detectó que la cefalea afecta al 40% de los menores de 7 años y al 75% de los menores de 15 años. Otros trabajos sobre la prevalencia señalan que cerca del 12% de los niños entre 5 y 15 años padecen migraña, frente al 1% que sufre cefalea tensional. Los datos indican que la migraña aumenta desde un 3% entre 3 y 7 años, a un 4% y un 11% de los 7 a 11, y de un 8% al 23% de 11 a 15 años, con una edad media de desarrollo de los síntomas de 7,2 años en los niños y 10,9 años en las niñas. Lo más destacado: la mitad de los afectados no acude al médico.

Aspectos diferenciados

Migraña y cefalea tensional son las formas más habituales de dolor de cabeza. La migraña es un dolor pulsátil que puede desarrollarse junto con náuseas, vómitos y/o fotosensibilidad y, a menudo, afecta sólo a un lado de la cabeza. Algunos pacientes experimentan síntomas que avisan de que están a punto de sufrir un dolor de cabeza (aura). La cefalea tensional o vasomotora es un dolor de cabeza continuo, no pulsátil, que en general rodea la parte alta del cráneo. Se asocia con la tensión muscular de esta zona y, cuando se desarrolla dos o más veces por semana durante algunos meses, se la considera un trastorno crónico. Puede durar de unos minutos a varios días y las personas afectadas no experimentan otros síntomas.

Hay distintos tipos de dolor de cabeza en niños, según su evolución en el tiempo: agudas que, a su vez, pueden ser localizadas o generalizadas; recurrentes, que tiene en la migraña su entidad más frecuente; y crónicas, que pueden ser progresivas, relacionadas con el dolor, o no progresivas, cuando sus síntomas no evolucionan en intensidad. No obstante, a los padres les preocupa sobre todo “cómo diferenciar la cefalea de causa psicógena o tensional del dolor de cabeza originado por problemas orgánicos intracraneales, sobre todo, debidos a tumores”, asegura Ana Soriano, pediatra de atención primaria de Barcelona.

Esta especialista explica que, para poder realizar un diagnóstico diferencial, es necesario valorar una serie de parámetros. Hay que conocer los antecedentes familiares, ya que en la migraña es frecuente que alguno de los dos progenitores (o los dos) la sufran o hayan sufrido en la infancia. Mientras, en cefaleas tensionales o cuando el dolor se origina por un proceso tumoral, no se registra esta relación. Otros aspectos de suma importancia son la forma de instauración y el tiempo de evolución. Un dolor de cabeza no progresivo, que conlleva meses de evolución, es característico de cefalea tensional y migraña. Cuando el dolor es progresivo, con una evolución de varias semanas, es posible un incipiente proceso tumoral. El ritmo horario es otro factor revelador: puede ser vespertino (asociado a cefalea tensional), matutino y que provoca despertar nocturno (tumoral) o variable (típico de las migrañas).

Respecto a la calidad del dolor, si es opresivo, se asocia a cefalea tensional o proceso tumoral. Si es pulsátil, a migraña. En cuanto a la duración, es primordial saber si el dolor de cabeza dura horas (migraña) o si se sufre de forma constante (tensional) o diaria (tumoral). Su localización también brinda algunas pistas para el diagnóstico: si se instaura en la parte frontal de la cabeza o tienen afectación hemicraneal se asocia a migraña, en la zona occipital -límite posterior de la cabeza- o en toda la cabeza se relaciona con cefaleas por tensión y cuando la zona es variable se estima un posible proceso tumoral.

Junto con las anteriores, son fundamentales otras particularidades como el aura visual, náuseas o vómitos, fotofobia (sensibilidad a la luz) o fonofobia (sensibilidad al ruido) -como ocurre en las migrañas-, estados de ansiedad, factores desencadenantes, cambios de conducta, alteraciones neurológicas (visuales o del equilibrio) y alteraciones de la sensibilidad, que se traduce en hormigueo, adormecimiento o acorchamiento de alguna parte de la cara.

De la misma manera, la respuesta del organismo ante los fármacos que se administran supone pistas para el especialista sobre un posible origen del dolor de cabeza. “Los analgésicos son eficaces ante migraña, son poco efectivos ante la cefalea tensional y nada ante procesos tumorales “, explica la especialista. Añade que “el tratamiento será distinto según la causa”, por lo que, ante cefaleas persistentes, se solicita a las familias que lleven un registro mensual del dolor para definir la frecuencia, los factores agravantes y los aspectos asociados al dolor. Así se evalúa el tipo de trastorno y cuál es la respuesta del tratamiento en el tiempo. Incluso, en ocasiones, se pide al niño que dibuje los elementos que ve al inicio de los síntomas de cefalea para concretar la presencia de aura (en el caso de migraña clásica) o su ausencia.

ANALGESIA PARA NIÑOS

En el tratamiento agudo de la cefalea en los pacientes infantiles se administran analgésicos de venta libre -que no necesitan receta médica-, que son eficaces para muchos otros tipos de dolor. Los más utilizados son el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE). El paracetamol es un analgésico suave que se usa para aliviar el dolor de cabeza y otras molestias comunes, como la fiebre, aunque no es útil para reducir la inflamación. Es respetuoso con la mucosa gástrica pero, si se toma en dosis excesivas, puede llegar a ser dañino para el hígado.

Entre la familia de los AINE, destaca el naproxeno o el ibuprofeno, el ácido acetilsalicílico (aspirina) y el ketoprofeno, entre otros. Estos fármacos, además de bajar la fiebre, reducen el dolor y la inflamación. Sin embargo, la aspirina no se recomienda de forma habitual para tratar niños con infecciones virales, como la varicela o la gripe, porque se asocia al síndrome de Reye (daño cerebral agudo y problemas con la función hepática). No obstante, si el problema se convierte en crónico y el niño requiere analgésicos de manera continua, el médico debe establecer unas pautas regladas de prescripción, basadas en la evidencia científica disponible.

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