Salud Infantil - Pediatria *

jueves, febrero 18, 2010

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Uno de cada dos niños tiene un problema de salud crónico

Pero el estudio también encontró que la mayoría de las afecciones, como obesidad, asma y TDAH, no persistieron

Por Serena Gordon

Reportero de Healthday

MARTES, 16 de febrero (HealthDay News/DrTango) -- Ahora, uno de cada dos niños de EE. UU. se enfrenta a alguna afección de salud en algún momento, como asma, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) u obesidad, según sugiere una investigación reciente.

La buena noticia es que, para muchos de esos niños, las enfermedades crónicas de la niñez no persisten. Poco más de siete por ciento de los que refirieron una afección crónica al inicio del estudio la sufrían seis años más tarde.

"Con el tiempo, encontramos que los índices de afecciones crónicas y obesidad en los niños de EE. UU. han aumentado, pero gran parte de dichos problemas se resolvieron por sí mismos", aseguró la autora del estudio, la Dra. Jeanne Van Cleave, pediatra del Hospital Pediátrico MassGeneral de Boston.

Los hallazgos del estudio aparecen en la edición del 17 de febrero de la revista Journal of the American Medical Association.

Según el estudio, una afección crónica de salud es una que dura al menos doce meses. Entre otros, los problemas incluían asma, diabetes tipo 1, diabetes tipo 2, epilepsia, fibrosis quística, problemas cardiacos, afecciones alérgicas, discapacidades del desarrollo, hiperactividad, infecciones de los senos nasales, infecciones de oído y otros. La obesidad se definió como un índice de masa corporal en el percentil 95 o superior para el sexo y edad del niño.

Los investigadores llevaron a cabo el estudio usando tres grupos distintos de niños. La primera cohorte, que incluyó a 2,337 niños, fue entrevistada entre 1988 y 1994; la segunda, que incluyó a 1,759 niños, fue entrevistada entre 1994 y 2000; y el último grupo, que incluyó a 905 niños, fue entrevistado de 2000 a 2006.

Al comienzo de cada periodo, los niños tenían entre dos y ocho años de edad. Las afecciones crónicas se confirmaron mediante informes de los padres.

Al final de cada estudio, la prevalencia de enfermedad crónica u obesidad había disminuido en 12.8 por ciento en el primer grupo (el más antiguo), 25 por ciento en el segundo grupo, y 26.6 por ciento para el tercer (y más reciente) grupo. El tercer grupo también tuvo la mayor prevalencia de informes de una afección crónica en cualquier momento durante el periodo de seis años del estudio y 51.5 por ciento refirió sufrir una afección crónica en algún momento durante el estudio.

El riesgo de sufrir de una enfermedad crónica fue más alto para los niños de sexo masculino, y para los negros o hispanos. Los niños cuyas madres tenían madres sobrepeso eran mucho más propensos a ser obesos, según el estudio.

Sin embargo, lo que sorprendió a los autores fue que las afecciones crónicas no siempre eran duraderas. En general, apenas 7.4 por ciento de los niños que tenían una afección crónica al inicio del estudio seguía teniendo esa misma enfermedad para el final del periodo de investigación.

"Siempre hemos pensado que las afecciones crónicas son bastante permanentes, así que estos hallazgos dan muchas esperanzas a niños que sufren de enfermedades crónicas y obesidad", señaló Van Cleave.

Señaló que estos hallazgos también generan diversas preguntas de investigación, además de apuntar a la necesidad de una buena atención de salud, que incluya servicios de prevención y educación.

"Es probable que muchas de estas afecciones se resuelvan porque las familias hacen cambios en el estilo de vida, como consumir alimentos más saludables, reducir el tiempo que pasan frente a pantallas y volverse más físicamente activos", especuló.

"La carga de la enfermedad crónica en los niños es bastante alta", apuntó la Dra. Geetha Raghuveer, cardióloga y profesora asociada del Hospital Pediátrico Mercy de Kansas City, Misuri.

Raghuveer apuntó que no está segura qué proporción de la fluctuación en las afecciones crónicas es real, porque se basan en los informes de los padres. "En nuestra experiencia, algunos de los temas importantes aquí, como la obesidad infantil establecida, no fluctúan y desaparecen sin un esfuerzo riguroso. Aunque probablemente sea tranquilizador que al menos algunas de estas afecciones podrían desaparecer con el tiempo", añadió.

Pero la moraleja, enfatizó, es que los niños de EE. UU. necesitan mejores hábitos de salud. "No se trata de otro estudio más que recalca lo que ya muchos sabían. Y si no erradicamos las raíces de los problemas, como comer mal y hacer poco ejercicio, seguiremos viendo mucha más morbilidad en los niños", advirtió Raghuveer.

"Cada vez veo más niños con hipercolesterolemia y resistencia a la insulina, que ya sufren de daño de los vasos sanguíneos. En cuanto a la salud de los vasos sanguíneos, parece que ya tuvieran 45 años. Necesitamos cambios básicos en la manera en que vivimos y comemos. La prevención es la clave", enfatizó.

http://healthfinder.gov/

 

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domingo, enero 31, 2010

Depresión afecta a menores de edad

Los problemas de los padres y la misma violencia intrafamiliar pueden provocar depresión en los niños y en consecuencia repercute en desnutrición, pues tienden a rechazar a consumir alimentos, aseguró Luz Elena Pale Montero, directora de la Escuela de Dietética y Nutrición del ISSSTE.

Una de las costumbres en muchas familias es que a la hora de comer se aprovecha para desahogar los problemas; lo que causa una depresión en los infantes e inapetencia.

CONSECUENCIAS

La experta señaló que cuando el problema de la inapetencia es crónico, sus consecuencias pueden ser baja en el crecimiento o desnutrición y es necesario brindarle ayuda al niño.

Aunque muchos menores son inapetentes en la etapa preescolar, es un hecho que se ven influenciados por las modas, de tal forma que prefieren artículos muy publicitados o los que llevan sus compañeros de escuela, haciendo a un lado los alimentos que preparan las mamás en casa.

"Lo grave es cuando cursan por periodos de depresión que obedecen al divorcio de los padres, a la pérdida de algún familiar, cambios de escuela y de compañeros. Otro aspecto es la violencia intrafamiliar, fenómenos que repercuten de distinta manera en cada uno de los niños, dependiendo de su personalidad".

Concluyó que los padres deben estar atentos a las cantidades que ingieren sus hijos y cuando el problema tome un carácter patológico o crónico buscar alternativas para que el menor vuelva a comer y no caiga en problemas de desnutrición.

http://www.elsiglodedurango.com.mx/


 

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martes, enero 12, 2010

Los niveles muy bajos de plomo afectan los riñones de los niños, según plantea un estudio

Según los investigadores, las cantidades consideradas seguras siguen siendo demasiado altas

LUNES, 11 de enero (HealthDay News/DrTango) -- Investigadores de EE. UU. señalan que incluso niveles muy bajos de plomo pueden perjudicar los riñones de los niños.

El nivel actual considerado preocupante para los niños es de 10 microgramos por decilitro de sangre (10 mcg/dl), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Sin embargo, un estudio del Centro Infantil Johns Hopkins sugiere que incluso niveles inferiores a los 10 mcg pueden ser una amenaza para la salud.

"Hasta donde sabemos, éste es el primero estudio en mostrar que niveles muy bajos de plomo podrían afectar la función renal de niños sanos, lo que recalca la necesidad de minimizar las fuentes de exposición al plomo", señaló en un comunicado de prensa del Hopkins el Dr. Jeffrey Fadrowski, investigador líder y nefrólogo pediatra.

"Nuestros hallazgos resultaron particularmente impactantes porque observamos una función renal ligeramente reducida en niños sanos que no tenían afecciones que pudieran explicarlo. Esto podría implicar más problemas renales con el tiempo, a medida que estos niños crecen o si adquieren factores de riesgo adicionales de enfermedad renal, como hipertensión y diabetes", agregó la Dra. Susan Furth, investigadora principal y nefróloga pediatra.

En el estudio participaron 769 individuos sanos entre los 12 y los 20. Más del 99 por ciento tenía niveles de plomo por debajo de los 10 mcg/dl, en promedio 1.5 mcg. Los investigadores hallaron peor función renal entre los que tenían niveles de plomo en la cuarta parte superior del rango normal, que entre los que tenían niveles más bajos, según el informe que aparece en la edición del 11 de enero de Archives of Internal Medicine.

Entre las fuentes actuales de exposición al plomo se encuentran pintura a base de plomo, cerámica vidriada, ciertos remedios caseros, tierra y agua potable en algunas áreas urbanas con viviendas antiguas.

http://healthfinder.gov/

 

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miércoles, enero 06, 2010

Si los niños no se vacunan contra la varicela, su riesgo aumenta en nueve veces

El éxito de la vacuna en la reducción de esta enfermedad ha generado una falsa sensación de seguridad

Por Ed Edelson
Reportero de Healthday

LUNES, 4 de enero (HealthDay News/DrTango) -- Un estudio reciente halla que los niños cuyos padres se niegan a vacunarlos contra la varicela tienen una probabilidad nueve veces mayor de contraer esta enfermedad en comparación con los niños que han sido vacunados.

El hallazgo debería servir como advertencia para un número creciente de padres estadounidenses que renuncia a vacunar a sus hijos por diversas razones, agregaron los expertos.

Asimismo, los nuevos resultados podrían "ayudar a los padres a tomar decisiones más informadas", dijo el autor principal del estudio Jason Glanz, investigador científico del Instituto de Investigación de Salud de Kaiser Permanente en Denver y autor principal de un informe sobre los hallazgos.

"Cuando se discute el tema de las vacunas, a los padres se les habla sobre sus posibles riesgos y beneficios", dijo Glanz. "Sin embargo, no se les advierte sobre los riesgos relacionados con no vacunar a sus hijos".

Glanz y sus colegas publicaron los hallazgos en la edición de enero de Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine.

El equipo de Kaiser ha comenzado a realizar una serie de estudios que pretenden determinar el riesgo involucrado en la vacunación de enfermedades infantiles comunes. El primero, publicado en 2009, encontró que los niños que no han sido vacunados contra la pertusis (tos ferina) tienen un riesgo 23 veces mayor de contraer la enfermedad que los niños vacunados.

En el nuevo estudio, los investigadores identificaron 133 casos confirmados de varicela, casi entre 87,000 niños cuyos padres eran miembros del plan de salud de Kaiser Permanente. Y se compararon con 493 niños del mismo grupo de edad que no habían tenido esta enfermedad. Siete de los niños que tenían la enfermedad, el 5 por ciento del grupo, no habían sido vacunados, en comparación con apenas tres, el 0.6 por ciento, de los que no tuvieron varicela.

Glanz destacó que el número de padres que renuncia a una o más vacunas contra enfermedades infantiles, incluida la varicela, ha aumentado. Paradójicamente, una de las razones podría ser la efectividad de las vacunas.

"La inmunización realiza tan buen trabajo en la eliminación de la enfermedad que los padres se preocupan menos por ese riesgo", destacó Glanz. "En cambio, ahora centran sus preocupaciones en la seguridad de las vacunas".

Por ejemplo, el miedo a que la vacunación infantil pueda relacionarse con una mayor incidencia de autismo aún existe, aunque una serie de estudios no han encontrado ninguna relación, señaló Glanz.

También, muchos padres no consideran que la varicela sea un problema grave, destacó, aunque antes de que se introdujera la vacuna en 1995, la varicela causaba la hospitalización de unos 10,000 mil niños estadounidenses al año y acaba con la vida de 100 de ellos.

"Esperamos decir a los padres, 'Hagan lo que es mejor para su hijo", destacó Glanz. "Muchos padres creen que los niños no están en riesgo y que la enfermedad no es grave. Nuestros estudios demuestran que los niños están en riesgo y que ese riesgo es una enfermedad potencialmente peligrosa".

El nuevo estudio ofrece "un conocimiento obvio", dijo el Dr. Paul A. Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas y director de enfermedades infecciosas del Hospital Infantil de Filadelfia. "Si elige no vacunar a su hijo, tendrá más probabilidades de contraer la enfermedad".

Una de las razones por la que los padres se niegan a vacunar a sus hijos "es la sensación general de que el niño recibe demasiadas vacunas en un periodo muy corto de tiempo", apuntó Offit. Pero esa sensación ignora no sólo el daño inmediato que puede causar una enfermedad infantil sino también, en el caso de la varicela, los efectos perjudiciales a largo plazo, destacó.

Una infección como la varicela puede perdurar en el cuerpo durante décadas y causar condiciones en la piel como herpes y elevar el riesgo de accidente cerebrovascular, apuntó Offit.

"Si las vacunas funcionan, póngaselas a sus hijos", dijo.

http://healthfinder.gov/.

 

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lunes, enero 04, 2010

Piojos: huéspedes que nos traen de cabeza

Aplicar lociones anti parasitarias para prevenir su aparición es un error, sólo se deben administrar si ya hay piojos; la mejor prevención es la revisión periódica del cabello con una lendrera

Fecha de publicación: 21 de octubre de 2009

Perfil del enemigo: molesto, pero no peligroso

El perro quizá sea el mejor amigo del hombre, pero no nos necesita tanto como el piojo, que sólo puede vivir a nuestra costa: somos la única especie animal que estos minúsculos parásitos admiten como morada. En las escuelas, es un clásico, repite curso una y otra vez. Si algún día los humanos desaparecen del planeta, probablemente la especie que más acusará nuestra ausencia será la del piojo: se quedará sin sustento y sin alojamiento. Según un estudio de Laboratorios OTC, el 14% de la población escolar padeció el curso pasado la presencia de estos molestos inquilinos, si bien casi todos los niños tienen piojos al menos una vez en la vida y normalmente es en su paso por la escuela y en la franja de 3 a 12 años.

Pero los adultos no están a salvo: el continuo contacto con un niño infectado por piojos puede acabar con el adulto rascándose también la cabeza. Los piojos, además de molestos por el picor que producen, son maestros del camuflaje y detectarlos a simple vista entraña dificultades. Por ello se recomienda no bajar la guardia y, en lugar de cruzar los dedos y confiar en la suerte mientras no llegue una circular del colegio que alerte de la presencia de estos parásitos en el aula, adoptar una serie de precauciones y, sobre todo, saber cuáles son las mejores medidas en caso de infestación.

Los mitos y las falsas creencias sobre los piojos abundan. Quizá la más extendida sea la que asocia su aparición con la falta de limpieza y los malos hábitos higiénicos. Esta situación es la que explica que en muchas familias la aparición de piojos sea todavía un tabú, y que, en consecuencia, los contagios se oculten y no se comuniquen en la escuela, por pura vergüenza.

Lo primero en una batalla es identificar al enemigo, conocerle a fondo, así como sus fortalezas y debilidades. Hay tres clases de piojos, y cada una afecta exclusivamente a una parte del cuerpo humano. Dos de ellos (el piojo del pubis o ladilla, y el del cuerpo) sí están asociados a la suciedad, al hacinamiento y a la falta de higiene. Pero, en cambio, no puede decirse lo mismo del piojo de la cabeza, el más común y el que ataca a los escolares, ya que aparece por transmisión y contagio. En ningún caso, los piojos de la cabeza se alojan en la zona perineal o los del cuerpo en la cabeza.

Otra leyenda es que transmiten enfermedades a través de sus picaduras. Falso: los piojos de la cabeza son muy molestos, pero nada peligrosos, ya que el único problema de salud que pueden originar es el de sobreinfecciones de las costras y heridas producidas por el intenso picor que producen en quien los sufre. Sin embargo, hay indicios científicos de que los piojos del cuerpo han sido, a lo largo de los siglos, trasmisores de enfermedades graves, como la fiebre "de las trincheras" o el tifus.

El verdadero problema de los piojos de la cabeza es la facilidad con la que se reproducen y se extienden. El parásito adulto, cuyo tamaño es el de una semilla de sésamo, tiene una especie de garra en forma de gancho con la que se ancla al pelo, y se alimenta de la sangre de su huésped cada 3 ó 6 horas, lo que causa prurito o picor a la persona y le obliga a rascarse. Los piojos pueden vivir en el cabello un mes y en ese tiempo son capaces de poner unos 110 huevos, de los que el 60% llegará a adulto.

Evitar contagios

La hembra fija los huevos, o liendres, a 1 ó 2 milímetros del cuero cabelludo (gusta del calor corporal que emana esta zona) con una sustancia viscosa que actúa de pegamento y de este modo impide que las liendres se puedan despegar manualmente. La presencia de estas liendres es el primer signo de alarma: el niño está infectado. Transcurridos 10 días de la puesta, el huevo eclosiona y, si no se pone remedio para frenarlo, se inicia de nuevo el proceso de reproducción.

Aunque se piense a veces lo contrario, los piojos no se transmiten por animales domésticos, agua, arena o hierbas, ni tampoco pueden saltar, ni volar, ni desplazarse por superficies distintas de la del cuero cabelludo. Por su fisiología sólo están capacitados para agarrarse al cabello, de ahí que únicamente se pueden contagiar por contacto directo de cabeza a cabeza o por el intercambio de cepillos, gorros, coleteros, diademas y otros objetos que hayan tenido contacto directo con el cabello, como auriculares, bufandas o gafas de sol.

En este último caso, sólo si este intercambio se hace de forma inmediata, ya que los piojos sobreviven fuera de la cabeza durante poco tiempo, menos de 24 horas. Los que puedan caer en cuello, ropa de cama o alfombras, como no entran en contacto directo con su huésped (recordemos que no se pueden desplazar salvo por la cabeza humana) se encuentran débiles y dañados y apenas generan peligro de contagio.

PREVENCIÓN: LENDRERA Y PACIENCIA

Los síntomas de que nuestro hijo tiene pediculosis, nombre científico del contagio de estos parásitos, son el picor persistente y el rascado intenso, si bien cuando se tienen por primera vez el prurito puede aparecer bien tarde. Por eso, para prevenir el contagio de los piojos conviene adelantarse, y ante la sospecha de que el niño pueda estar en contacto con un compañero que ya los tenga se debe revisar concienzudamente su cabeza. Y no basta con hacerlo una sola vez o de forma puntual, es necesario vigilarla día a día con paciencia, una lendrera y un paño blanco.

La lendrera, peine de púas específico para piojos, es lo más eficaz para la revisión y, en su caso, para retirar los piojos adultos y las crías, si las hubiera. Es fundamental que el espacio entre las púas no supere los 0,2 mm y son preferibles las lendreras con púas de metal, por su mayor rigidez. Conviene pasar la lendrera con el cabello húmedo y suave (usemos un acondicionador en el lavado) y en un lugar bien iluminado.

El paño o papel se coloca en los hombros del niño o sobre el regazo de quien le está revisando la cabeza, mejor si es blanco porque contrasta mucho con el tono oscuro de los piojos y, una vez caídos del cabello, se verán con más facilidad. Hay que pasar la lendrera desde la raíz a las puntas, prestando especial atención a las zonas que rodean la nuca y la parte posterior de las orejas, lugares preferidos por los piojos porque la temperatura es más alta y constante y porque el pelo sufre menos roturas. Después de cada revisión, conviene sacudir enérgicamente el peine por si algún piojo se ha quedado entre las púas y pasar la lendrera por el grifo para eliminar los posibles restos.

Lociones y champús no sirven para prevenir

La vigilancia y las revisiones periódicas son la clave, porque es la mejor forma de saber si el niño o niña tiene piojos o no. Una vez seguros de que los parásitos han tomado la cabeza del niño debemos informar de ello en el colegio para que avisen al resto de padres. Este sí es el momento de aplicar pediculicidas, insecticidas de uso externo que se venden en farmacias en forma de champús, sprays, lociones e incluso colonias y que atacan al piojo y la liendre provocándoles la muerte.

Aplicarlos antes de saber a ciencia cierta si el niño tiene piojos es un error: los insecticidas no deben utilizarse como preventivos porque, además de que ocasionalmente pueden causar efectos secundarios, a la larga los piojos podrían hacerse resistentes a los tratamientos. La mayoría de los pediculicidas se componen de permetrina, malathión o lindane. Las piretrinas deben ser la primera opción y, entre ellas, los productos que la contienen en una concentración del 1%, la más conveniente porque destruye las liendres y los piojos con muy escasos efectos adversos.

En segundo lugar, se recomienda el uso de malathión. Y en cuanto al formato que mejor garantiza el contacto del producto con el cuero cabelludo del infestado, los mejores son geles y las lociones. El gel produce un efecto inmovilizante sobre el piojo, que le produce la muerte. Si el tratamiento es con champú, con el agua la concentración del plaguicida disminuye y se elimina con el lavado por lo que hay que repetir la aplicación del champú dos o tres veces en intervalos de tres días para lograr la erradicación de las ninfas- crías del piojo- que puedan ir apareciendo.

Sin embargo, el champú es lo más adecuado cuando el usuario sufre lesiones del cuero cabelludo. De todos modos, y con independencia del formato elegido, es fundamental aplicar el tratamiento sobre la cabeza seca, ya que la grasa del cabello facilita la fijación del producto. Los sprays son menos eficaces pues no llegan a impregnar todo el pelo, y los riesgos de intoxicación por vía respiratoria son mayores que en cualquier otra fórmula.

Aplicar el tratamiento

Se deben seguir las indicaciones del fabricante del producto para su correcta administración, pero sepamos que ha que aplicarlo por todo el cabello para garantizar una distribución homogénea del tratamiento. Después, hay que lavar a fondo el cabello con agua tibia (el calor aumenta la sensación de picor en la cabeza), evitando que el producto entre en contacto con el resto del cuerpo. La temperatura del agua tiene que ser tibia y para conseguir un mejor resultado, al último aclarado se le puede añadir una parte de vinagre por cada dos de agua.

No mata a los piojos pero eliminará la sustancia viscosa que adhiere las liendres al cabello y ayudará a despegarlas. Si el olor a vinagre disgusta, hay bálsamos capilares que deshacen el líquido adherente de los huevos del piojo. No conviene utilizar secador: mejor dejar el pelo al aire, ya que el calor puede debilitar el efecto del plaguicida. Si el tratamiento no ha surtido efecto, debe repetirse a la semana siguiente, siempre que el producto lo admita. Si al cabo de tres aplicaciones consecutivas sigue sin ser eficiente, tendremos que buscar un producto con otra composición, y para ello se sugiere la consulta al médico o al farmacéutico.

Pero la cruzada contra los piojos no acaba con el tratamiento con productos anti-parasitarios. Para una completa eliminación de los parásitos y de sus liendres, vivas y muertas, se debe seguir con las revisiones lendrera en mano.

¿Y si el tratamiento falla?

No es tan infrecuente que el tratamiento fracase. Motivos hay muchos: una aplicación inadecuada, tiempo insuficiente de administración, zonas libres de producto y la concentración escasa del insecticida en el cuero cabelludo. En realidad, ningún remedio mata al 100% los piojos y liendres, siempre es necesaria una segunda aplicación. Los fabricantes la recomiendan que se haga después de 4 ó 8 días después del primer tratamiento, porque es el momento en que nacen las ninfas. Si se olvida esta segunda aplicación, el contagio puede continuar pues la cría del piojo se desarrollará.

Puede ocurrir también que el niño o niña sea víctima de una segunda infestación. Si a las dos semanas vuelven a aparecer piojos, y durante ese tiempo el pelo ha permanecido libre de parásitos, lo más probable es que un familiar u otro niño del colegio haya causado el nuevo contagio. ¿La solución? Iniciar tratamiento y revisiones manuales como se hizo en el primer contagio. Vuelta a comenzar. Otra causa que explica el fracaso del tratamiento es la resistencia que los piojos han ido desarrollando frente al tratamiento usado, si bien no ocurre con frecuencia.

Lo que propicia este fracaso es el uso inadecuado del producto, de ahí que sólo haya que utilizarse cuando es necesario, no como prevención. Un parásito es resistente a un tratamiento cuando después de haberlo utilizado correctamente, y con la seguridad de que no ha habido una nueva infestación, el problema sigue sin solucionarse.

El rascar se va a acabar

  • El otoño y la vuelta al cole son fechas celebradas por los piojos: es la época de las mini-plagas en los colegios. Por eso, y aunque no haya sido avisado en la escuela de la presencia de estos molestos inquilinos, vigile de cerca la cabeza de sus hijos pequeños.
  • Ni saltan, ni vuelan, ni los transmiten los animales domésticos. El único modo de contagio de los piojos es de cabeza a cabeza. Por eso, evite que los niños intercambien coleteros, pinzas, ganchos, gafas?cualquier artículo que haya estado en contacto con el pelo
  • Para revisar el cabello se necesita una lendrera, un peine de púas estrechas y muy poco separadas unas de otras para que los piojos no escapen. Hay que hacer un auténtico derroche de paciencia para pasar este peine mechón a mechón. Use un paño blanco para depositar los parásitos encontrados y verlos con facilidad.
  • Use acondicionador en el lavado de pelo de los niños: eliminará nudos y enredos en el cabello, y el paso de la lendrera molestará menos a sus hijos.
  • Las primeras zonas en las que hay que pasar la lendrera: la nuca y la parte posterior de las orejas, los lugares preferidos de los piojos porque encuentran calor y seguridad.
  • Por si nunca ha visto un piojo: tienen un tamaño similar al de una semilla de sésamo y son oscuros. Preste especial atención a los huevos; de aspecto similar al de la caspa, se distinguen de ésta en que las liendres se pegan con fuerza al cabello.
  • Una vez constatado que el niño tiene piojos, aplique los tratamientos antiparasitarios. Pero no antes, porque no sirven para prevenir el contagio de piojos ni para repeler su presencia. Sólo han de usarse cuando ya están en la cabeza de los niños.
  • Lea las instrucciones de aplicación del producto, y respete los tiempos, las repeticiones y cualquier otra recomendación del fabricante. Si no, es muy probable que el tratamiento falle y tenga que repetir el proceso desde el principio.
  • Aunque haya aplicado el tratamiento con éxito, siga con las revisiones periódicas para comprobar los resultados del producto.

http://www.consumer.es


 

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sábado, enero 02, 2010

Para los niños, tal vez no todas las actividades sean iguales

Expertos aseguran que aprender habilidades de movimiento es vital, pero con frecuencia se pasa por alto el entusiasmo por los deportes

Por Kathleen Doheny
Reportera de Healthday

MIÉRCOLES, 30 de diciembre (HealthDay News/DrTango) -- Parece bastante sencillo: Los niños necesitan ser activos. Cuando lo son, es menos probable que tengan sobrepeso y tiendan a los riesgos de salud que conlleva el peso adicional.

Pero, ¿cómo lograr que los niños se muevan? Y no sólo que se muevan, sino que hagan el tipo "indicado" de actividad física. Esa es la pregunta.

La obesidad alcanza proporciones epidémicas entre los jóvenes estadounidenses. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., el porcentaje de niños y adolescentes obesos casi se ha triplicado en las últimas tres décadas, al pasar de 6.5 a 17 por ciento entre los preadolescentes y de cinco a 17.6 por ciento entre los adolescentes.

Por supuesto, consumir una dieta saludable puede ayudar a combatir la obesidad en los niños. Pero los expertos de salud concuerdan en que la actividad física también es indispensable. Procurar que los niños desarrollen el hábito de la actividad física temprano, y lo conserven, puede ayudar a asegurar que también mantengan un peso corporal saludable.

Pero convertir el concepto de la actividad física en realidad no es tan sencillo como inscribirlos en clases de béisbol. Podría significar que se tenga que dirigir sus actividades de ejercicio, y disfrazarlas como juego.

"Hay demasiado énfasis en hacer deporte y no suficiente en el movimiento", aseguró la Dra. Teri McCambridge, pediatra de medicina deportiva de Baltimore que preside el Consejo sobre medicina del deporte y aptitud física de la Academia Estadounidense de Pediatría.

Para ella, la primera regla es que la aptitud física sea divertida.

"Que sea divertido, que no parezca ejercicio", aconsejó. "Entre las ideas para mantener a los niños activos se encuentran montar bicicleta; una búsqueda de tesoros al aire libre en la que tengan que correr, brincar, saltar y arrastrarse para encontrar distintos objetos; una carrera de obstáculos; jugar a la rana; jugar a capturar la bandera; jugar a los encantados".

Los niños y adolescentes deben incluir una hora o más de actividades físicas como éstas al día, según los CDC.

Y si intenta crear el hábito en los niños, no se puede ir a tomar un café ni al cine mientras ellos hacen ejercicio, advirtió McCambridge. "Hay que practicar con el ejemplo", instó.

Algunos padres creen que lo mejor es inscribir a los niños en deportes organizados tan pronto como puedan sostener una pelota u otros equipos, pero algunos expertos en aptitud física no están convencidos de ese método. Inscribir a un niño en un deporte organizado demasiado pronto puede provocar que los niños que no son tan coordinados como sus pares abandonen el deporte rápidamente, apuntó McCambridge. Y puede suceder que los muy talentosos se saturen sencillamente por jugar demasiado.

Participar en deportes a una edad demasiado temprana no es aconsejable, concurrió Pete McCall, fisiólogo del ejercicio del Consejo Estadounidense del Ejercicio en San Diego. Eso es así sobre todo si los niños dedican todo su tiempo a un solo deporte, apuntó.

"Los niños que se especializan en un deporte desarrollan lesiones por abuso", advirtió McCall.

Jugar deportes demasiado joven también conlleva otro peligro. "No se está enseñando a los niños a moverse", aseguró. "Se les está enseñando una posición, como portero o jardinero".

McCall señaló que es mejor enfocarse en permitir a los niños pequeños jugar de forma no estructurada.

Sugiere simplemente programar tiempo en un parque "y dejar que lo averigüen ellos mismos". Entre los tres y los seis años de edad, los niños también pueden aprender habilidades de movimiento en clases de gimnasia, dijo McCall.

Más adelante, los deportes pueden mantener a los niños en movimiento, concurrieron McCall y McCambridge. Pero McCall aconsejó posponer un deporte organizado hasta la edad de nueve o diez años.

Una vez los niños están inmersos en los deportes, sugiérales probar varios y no sólo uno, aconsejó.

Celebra un movimiento en algunas escuelas que han convertido las clases de educación física en un ámbito parecido a un gimnasio, en que se expone a los estudiantes a distintos tipos de actividades y se resta importancia a la competencia.

Ayudar a los niños a enfocarse en el juego y en el placer de moverse, además de la adquisición de habilidades, en lugar de la importancia de ganar y no perder, también debe influenciar mucho en la creación de un hábito de ejercicio de por vida, concurrieron los dos expertos en aptitud física y deportes.

http://healthfinder.gov/

 

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